Escritores Aficionados #67: Compactado, de Colibrí

compactado

Titulo: Compactado
Tipo de escrito: Cuento
Pseudonimo: Colibrí
Edad: 46 años
Nacionalidad: Mexicana

La columna llamaba mi atención, cada vez eran más constantes los momentos que me pasaba contemplándola. Desde dos meses atrás en que acudía regularmente a este centro escolar buscando a la que por el momento era “el amor de mi vida” dos o tres veces por semana, era agradable después de trabajo o escuela sentarme una o unas horas sin tener nada que hacer aparte de disfrutar la música, la tranquilidad, ¡la comodidad! De la sala que se encontraba en ese espacio de espera, tres sillones que por lo general se encontraban solos, una mesa de vidrio, un enfriador de agua recargado en la dichosa columna.

La primera vez que me fije en ella fue cuando cambiaron el enfriador hacía otro de sus lados, quitándolo de enfrente mío porque escogía el sillón más grande para estirarme a mis anchas, como buen estudiante de arquitectura empecé a analizar su textura; un tanto rugosa sin ser ofensiva al tacto, con ese recubrimiento que simula la arena grisácea de algunas playas, empecé a divagar sobre la época en que eso se consideraba “elegante” en decoración  y como al paso de los años vuelven a surgir las tendencias.

Tenía una curiosa franja verde imitación jade, supuse yo, que no encontré en ninguna de las otras que se encontraban en el lugar, altura considerable, armoniosa, rectángulo que se pegaba al piso y techo de manera natural; esas fueron mis primeras impresiones y durante un tiempo me olvidé de su presencia.

Pero últimamente……la contemplación de la columna era absorbente, era necesaria y me sorprendía aguardando el momento en que llegará al espacio que ocupaba, mi chica supongo que pensaría que su presencia me era necesaria y que me estaba enamorando….No, la verdadera razón era estar cerca de la columna, relajarme mirándola, encontrar caras, figuras, letras de palabras escritas en idiomas misteriosos, animales a veces perdidos entre la textura de la columna como si estuvieran en sus hábitats y a veces resaltados como si me dijeran ven, mira, toca mi fuerza, mi suavidad, mi pelo, mi piel; varias veces me quedé dormido en estas contemplaciones hasta que sentía los labios suaves, tibios, amorosos de la de turno, pero las sensaciones, los sueños sobre la columna en ocasiones eran vívidos….Recuerdo un paisaje exótico de palmeras mecidas por el viento, olor de mar cercano, mis pies sin calzado en una arena suave, poco a poco echarme en ella y permitirle cubrirme, una sensación de calma total.

O la  noche del derviche girando para encontrar su naturaleza, giros a los que me uní en un círculo de locura en el que me sentía parte del universo, de toda la humanidad.

O la transformación de toda la columna en una de esas musas que se ven en los quioscos de los pueblos, voluptuosa, cubiertas sus curvas apenas por velos sugerentes, en esa ocasión si perdí la ubicación y me encontraba en camino de acercarme a fundirme en la columna transformada, de sentir la suavidad de la piel, la curva sugerente de sus pechos hermosos, sueño del que fui sacado con burlas  de: eh! Te equivocaste de lado acá estoy, payaso!!

Ayer, unas manos trataron de alcanzarme, manos hermosas de dedos largos que prometían tacto divino, fuertes prometiendo seguridad; estuve a punto de dejarme llevar y una vez más fui interrumpido, esta vez la sensación de que me sacaron de mi ensueño no fue agradable, al contrario fue molesto, me sentí contrariado, sin ganas de irme, con ganas de alejarme del compromiso de su presencia.

Sólo pensé ¡mañana es el día!, tengo que llegar al final del sueño, sin avisar de mi visita, para no ser interrumpido me encaminé al centro escolar, caminé alrededor de la columna, observé, palpé los relieves de las formas que iban surgiendo; las manos poco a poco empezaron a formarse, una cara misteriosa, atrayente cambiaba de lugar y me llamaba con voz profunda de resonancias sexys diciendo mi nombre, me acerqué hipnotizado por la voz, por los movimientos de las manos, por las otras partes de cuerpos que podía vislumbrar entre la arena gris de la columna y que despertaban en mi instintos primitivos, olvidados, necesidad de pertenecer, de fundirme, dejarme llevar, entregar mi cuerpo, mi mente.

Lo último que recuerdo de cuando era “solo” es el dolor, un instante, crujir de huesos al ser demolidos y mi esencia mezclada.

Ahora soy parte, soy compacto, somos formados por muchos más que como el que fui desaparecimos sin dejar rastro  aparte de nuestras pertenecías al pie de la columna, empiezo a sentir una ansiedad insatisfecha, empezamos a mover las ondas de pensamiento atrayente, buscando al elemento que nos hace vivir, sentir, crear…vivimos en uno, compactados en esta estructura ancestral que necesita cuerpos para sobrevivir, fabricamos sueños a la medida de quién está cerca.

Mira quién sigue visitando el sitio de los recuerdos, vaya conozco perfectamente lo que requiere, tendré que empezar a mostrarme, a darle en la textura de la columna  los recuerdos que tuvimos, no podrá quejarse quedaremos compactados.

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    1. Lourdes Contreras 22/11/2013

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