Escritores aficionados #271: Daniel, de Jovana Rodríguez

Título del Escrito: Daniel
Autor: Jovana Rodríguez
Edad: 15 Años
Nacionalidad: Mexicana

Daniel

El viento golpeaba mi rostro. El olor invadió mis fosas nasales  y sonreí ante la apuesta de sol. La melodía que hacía el viento golpear contra las ramas de los árboles acaricio mi oído. Recuerdos llenaron mi mente que me hacía estremecer. Aquella sonrisa, aquellos ojos que brillaban cuando reía. Aquel alborotado cabello rizado. Aun podía escuchar su voz gritona y divertida que decía que me apresurara, que no teníamos de mucho tiempo. Me recordaba a mí ir tras él, cansada y jadeando por las carreras que nos echábamos de mi casa al campo.

–         ¡Apúrate Pancracia, que llegaremos tarde!

–         ¡Que no me llamo así!

Recuerdo cuantas veces me llamo por sobre nombres, y también el odio que le tenía por hacerlo. Yo nunca pude ponerle uno ya que cuando lo hacía se burlaba de mí y decía que no era buena poniendo apodos.

Cada día al llegar de mi escuela, encontraba a Daniel esperando en la casa del árbol que papá me había hecho antes de irse a la guerra. Después de que mi madre nos preparaba unos bocadillos, Daniel y yo nos íbamos corriendo hasta el campo para jugar a imaginar a ser piratas, bomberos o conductores de automóviles. Para al final terminábamos sentados al ver el atardecer.

Pero esos días jamás volvieron. Era un día de lluvia y mamá no estaba en casa. Daniel y yo habíamos salido al arrollo junto con Kamikaze, el cachorro que Daniel había encontrado en la iglesia del pueblo. Lo había llamado así porque él, cuando creciera se dedicaría a pilotear una avioneta. Ese era su sueño según me había dicho. Para cuando habíamos llegado al arrollo, el agua estaba amenazadora. Las dos sogas que había amarrado Daniel la semana pasada aún estaban ahí. Recuerdo a ver tomado a Kamikaze entre mis brazos mientras tomaba la soga con una mano y observaba a Daniel tomar la otra. Me columpie hasta el otro lado del arrollo. Para cuando voltee, Daniel ya no estaba, y la soga estaba rota.

Él solo era un niño de doce años y había dejado toda una vida. Sus sueños. Cada día, cada año me acordaba de ir al lugar donde a él le hacía feliz. El campo estaba rodeado, lleno de flores de no me olvides. Daniel decía que este lugar era mágico, y que siempre sería de los dos.

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    1. patricia 14/08/2014
    2. aracelys 03/08/2014

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