Escritores Aficionados #235: El Amor y El Odio, de Ariadna Abigail Ioannu Dominguez

Título del escrito: El Amor y El Odio
Tipo de escrito: Relato
Nombre: Ariadna Abigail Ioannu Dominguez
Edad: 14 años
Nacionalidad: Argentina

amor y odio

 

 

EL AMOR Y EL ODIO

El tacto de  sus dedos contra mi desnuda piel me provocó un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. Retiré su mano de mi brazo con brusquedad. Vi en su rostro una tristeza infinita que desapareció en un instante. Intentaba acercarse  pero yo no le dejaba, no físicamente, si no emocionalmente. No confío en la gente y no quiero hacerlo, porque, cuando confías en alguien la traición duele más. Si la traición es de un desconocido no me está traicionando a mí.

Me giré sobre mis talones y comencé a caminar por el pasillo, con la poca luz que había conseguí encontrar mi cuarto. Apoyé mi mano sobre el pomo de cristal y lo giré, cuando entré el corazón se me paró. Lo que veía no podía ser verdad, estaba allí, sentado en mi sofá de cuero negro, con mi libro favorito en sus manos. Llevaba puesto un pantalón negro y una camiseta de algodón gris, estaba descalzo. Me adentré en la habitación y cerré la puerta. Sin dejar de mirar la puerta le susurré:

 -¿Qué haces aquí?

-Te esperaba-contestó él dejando mi libro sobre la mesita de café.

-¿Para que?- pregunté con la voz más seca que conseguí sacar, mientras me giraba para mirarle.

-Deberías intentar ser más amable con la gente.-respondió.

-¿Porqué debería?-pregunté con un tono de burla mientras me sentaba en el sofá de enfrente a él.

No sabía cuando había cruzado la habitación.

-Para caerle bien a la gente.-respondió con un suspiro.

-¿Para qué querría yo caerle bien a la gente?

-Para poder confiar en ellos.-dijo él en un tono que me resultó irritablemente seductor.

Aquello fue como una bofetada. Él, justamente él ¿¡me hablaba de confianza!?

-¿Para que estas aquí?- pregunté sin ocultar mi rabia.

Sentía mis mejillas arder y lo único que pude hacer para no mostrarle lo mucho que me afectaba lo que él decía fue apretar los puños.

-Tenía que hablar contigo.-dijo mirándome por primera vez en todo ese tiempo.

-¿Sobre que?

Mi tono seguía siendo duro y frío.

-¿Podrías dejar de hablarme tan fríamente como si estuvieras enfadada conmigo?- preguntó con el ceño a medio fruncir.

Que usara un tono de voz monótono le fastidiaba siempre.

-¡Estoy enfadada contigo, imbécil!- respondí casi a grito, perdiendo por un segundo la compostura.

-¿Por qué?- preguntó él superando el volumen de mi voz.

-¿¡Como que porque!? ¡Me traicionaste, me hiciste confiar en ti y me traicionaste!

Ya no pude contenerme y le grité.

De repente el corazón comenzó a latirme deprisa. Se había levantado del sofá y, sin que yo pudiera hacer nada, me aprisionó en mi sillón. Tenía su rostro muy cerca del mío. Sus ojos grises me miraban fijamente, y su cabello castaño con rastros de dorado le tapaba la frente.

-¿Confiabas en mi?- pregunto él en un susurro casi inaudible.

Podía sentir su respiración contra mi rostro.

-Si, lo hacía.-mi voz seguía siendo dura, pero al menos ya no gritaba.

-¿Por qué?

-¿Como que por que?

-Dame una razón por la cual confiabas en mí.

Eso me tomó desprevenida.

 -Me salvaste la vida.-contesté desviando la mirada.

-Le he salvado la vida a mucha gente y sin embargo no han confiado en mí. ¿Por qué tu si?-se inclinó más hacia mi.

Podía notar como mi rubor aumentaba.

-No hay otra razón-contesté casi tartamudeando.

-Si, si la hay.-respondió mostrando el inicio de una pequeña sonrisa.

-¿Cual es?-pregunté con los nervios de punta.

-Estas enamorada de mí.
Mi corazón dio un vuelco.
-¿¡Que!? ¡Estas loco!
Una pequeña sonrisa casi invisible se asomó en sus labios.
-Entonces… ¿no me quieres?
Tragué saliva antes de responder. Era como tragar arena.
-Por supuesto que no.
-Entonces no te molestará que haga esto.
-¿El qué?

Se inclinó y sus labios se pegaron a los míos. El calor de su boca me atrapó y su lengua me cautivó. La resistencia y el asco que me inventaba comenzaban a desaparecer. Me rendí y lo atraje hacia mi, admitiendo lo que el me había preguntado. Pude notar como sus labios se curvaban en una sonrisa mientras me susurraba entre besos que había estado esperando este beso desde que me conoció. No aguanté y le susurre que le amaba. Lo bese con hambre, mientras el acariciaba cada parte de mi cuerpo. En ese momento me olvidé de todo y me dejé llevar por mis sentimientos. Cosa que no hacía desde hace demasiado tiempo.

 

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