Escritores Aficionados #82: El Avión de Pasajeros, de Fisquero

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Título: El avión de pasajeros
Tipo de escrito: Cuento
Pseudónimo: Fisquero
Edad: 63 años
Nacionalidad: Española

“El derecho a cualquier edad  a mirar las estrellas y soñar es común y universal”

Era una tarde fría, mucho más fría de lo que era habitual en aquella  comarca y en aquellas fechas tan emotivas y entrañables.

El día de Navidad ocurrió un fenómeno natural, que tan sólo los más mayores del lugar recordaban haber presenciado ya hacía mucho tiempo.

¡Había nevado! Y las copas de las palmeras se habían cubierto de un bonito color blanco, dando la sensación de que se trataba de un sombrero de color verde y blanco que les protegía del frío.

Aquello duró poco, y ahora pasada ya la nochevieja y comenzado un nuevo año, se aproximaba  la noche más esperada y deseada por los niños, en cuyos corazones alberga  la semilla de la esperanza y la ilusión.

Manolito era uno de esos niños, y también era uno de los muchos a los cuales en aquella época, se había olvidado de ellos la fortuna, y el destino les había sido especialmente ingrato.

Durante todo el año, todas las tardes al salir del colegio -al cual sus padres nunca iban a recoger, dado que su horario laboral no se los permitía-  Manolito camino de su casa pasaba ante un gran tienda de juguetes, frente a  cuyo escaparte se detenía  a mirar todos los que allí  se exponían, y que hacían las delicias de los niños que como él, avivaban sus sueños e ilusiones  contemplándolos y  pensando cual de ellos pedir a los Reyes Magos.

Aquella gélida tarde,  Manolito extasiado contemplaba el escaparate de la tienda de juguetes al tiempo que se frotaba sus manos desnudas y movía su frágil cuerpecito mal abrigado, intentando ahuyentar  el entumecimiento que se apoderaba  de sus miembros.

Había memorizado cada parte de aquel avión de pasajeros en miniatura labrado primorosamente en madera, que tanta veces había  visto y soñado a través de la vitrina, y que a él le parecía auténtico, dada la laboriosa y esmerada minuciosidad de su imitación, que lo convertía en una pieza de elaborada artesanía.

-Ese avión ya me lo he pedido yo, lo puedes mirar, pero que sepas que los Reyes me lo van  a traer a mí.

A la espalda de Manolito sonaron estas lapidarias y aplastantes palabras, pronunciadas por un niño de su misma edad, bien arropado en un abrigo nuevo y con la cabeza cubierta por una gorra de pana gris,

Manolito en su inocencia todavía virgen, e inconsciente de su propia realidad, defendió su legitimo derecho a la ilusión, argumentado y respondiendo al niño bien abrigado.

-Ese avión lo pedí yo a los Reyes el año pasado, y me dijeron que como ya estaba pedido, me lo traerían al año siguiente.

-Pues te han engañado, este año el avión me lo traerán a mí los Reyes – le contestó  con altiva suficiencia el niño del abrigo nuevo.

Manolito titubeó, al no saber como seguir defendiendo su derecho a aquel juguete que era la mayor ilusión que había tenido en su vida; ya el año anterior sus padres le convencieron para que se conformase con el balón de plástico, que los Reyes Magos habían tenido la generosidad de depositar en su zapatitos de suelas remendadas, que la noche mágica, con gran anhelo y esperanza Manolito había dejado en la ventana

 “-Mira Manolito, como has sido un niño bueno los Reyes no te han traído carbón – le dijeron sus padres.

“Y el niño preguntó:

“-Si he sido bueno, ¿porqué no me han traído el avión que les pedí?

“A lo cual le respondieron:

“- El señor que construye los aviones es ya muy mayor, y  está el sólo para hacerlos, siendo una labor  muy difícil y  que requiere  mucho trabajo, de forma que tan  sólo puede fabricar  uno  cada año, por lo cual  el niño que  lo pida primero, será el que lo recibirá ese año – Y terminaron  diciéndole. – Si el año que viene te portas bien, será a ti  a quien traigan el avión.

Manolito era un inocente niño de seis años de edad, pero a pesar de la escasez que se cebaba en su entorno, no tenía un pelo de tonto; por lo que su tierna mente se vio asaltada ante la duda y la incertidumbre, al ver la seguridad con la que aquel niño alardeaba  se ser a él, al que tenían reservado el avión los Reyes aquel año. Por ello  se preguntaba a si mismo:

“¿Será posible que este año los Reyes Magos de nuevo lo lleven a otro niño, y yo me quede de nuevo sin el avión,  y sin mi sueño e  ilusión?”

Aquel año lo Reyes Magos dejaron en los zapatitos remendados de Manolito unas canicas de cristales de colores, y una nota en la cual  el niño pudo leer:

“Querido Manolito, el  avión que nos pediste está agotado, si  te portas  bien y eres bueno, al  año que viene quizás podamos traértelo.”

                                                                    Melchor, Gaspar y Baltasar

El niño, ya acostumbrado y siendo consciente de la situación de precariedad de sus padres, observó las canicas con resignación, y cuando ya iba a arrojar la nota de los Reyes al cubo de la basura, observó que en ella aparecían como por arte de magia unas palabras que antes no estaban allí, y que brillaban  de forma fluorescente. Sorprendido y curioso las leyó:

PD.

“Manolito, si consigues conservar la ilusión y tienes fe en el futuro;  un día no muy lejano, aquello que más desees, en realidad convertido verás”

En aquel momento Manolito no acabó de comprender el significado de aquellas frases premonitorias, pero estás quedaron  marcadas en su mente, sirviéndole y ayudándole a lo largo de su vida, recordándolas cuando sus proyectos se torcían y la incertidumbre le asaltaba

 Con fe, esperanza e ilusión y, con el paso del tiempo, el niño se convirtió en un  excelente piloto de aviación, viendo sus sueños hechos realidad, al tiempo que no olvidó sus orígenes, ni tampoco a aquellos  que como él,  nacen y transcurren su infancia en hogares a los cuales los Reyes Magos les resulta muy difícil el  acceder.

Y ahora, siempre al llegar las Navidades, convertido ya en el Comandante de vuelo don  Manuel, y pilotando las aeronaves más extraordinarias de la compañía aérea  Álebus, Manolito en  sus vuelos por todo el planeta, ejerce de mediador de sus Majestades y un primo lejano de éstos  llamado Papá Noel, intentando llevar  alegría y esperanza a aquellos que más la  necesitan, y convirtiendo en realidad sus sueños e ilusiones.

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