Escritores aficionados #285: El Sugestivo e Irresistible Encanto de la Corrupción, de Francisco López

Titulo del Escrito: El Sugestivo e Irresistible Encanto de la Corrupción
Tipo de Escrito: Novela Corta
Nombre: Francisco López Roch
Edad: 64 años
Nacionalidad: Español

I

Una Inesperada Invitación

 

Abrí la puerta de mi apartamento y me abalance en su interior deseoso de hallar allí el final de aquel horrible lunes, a lo largo del cual, y arrastrando las secuelas de una tremenda resaca consecuencia de  un desenfrenado fin de semana, habían pasado ante mí varios juicios como si de un mal sueño se tratasen, y los cuales sinceramente no sabría explicar, como conseguí que el veredicto hubiese sido favorable a  mis clientes.

 Apenas me había dejado caer en el sofá, y sin  darme tiempo a acomodarme, sonó estrepitosos e impertinente el teléfono.

 Pensé que sería Mónica, se había dejado olvidados en la mesita de noche unos pendientes, según ella muy valiosos, regalo  de su actual marido.

 -Sí, dígame -contesté de mala gana, tras descolgar el auricular

 – ¡Hola! ¿Habló con Abelardo Espín? -preguntó una voz gangosa, al otro lado de la línea.

 -Sí, soy yo mismo, ¿Quién llama?

 Tras un breve silencio seguido de un ligero carraspeo, el sujeto se identificó,  y con voz lánguida, expuso el motivo de su llamada.

 – Buenas tardes Abelardo, soy Doroteo Kruser, no sé si me recordaras, estudiemos juntos en la Facultad de Derecho… – la voz se entrecortó unos instantes, como concediéndome una pausa para recordar, y  a continuación,  sin  darme tiempo ni siquiera a asimilar aquello que me decía me comunicó el motivo de su llamada- …Verás, quería…, tengo que comunicarte  una mala noticia. Mario Clement, tu mejor amigo de la Universidad ha fallecido esta mañana ha consecuencia de un paro cardiaco. Pensé que podrías estar interesado en asistir a su funeral. De ser así, éste será mañana a las cinco y treinta  de la tarde, y se celebrará en el tanatorio situado en la zona Sur de la ciudad.

Recibí el mensaje como un jarro de  agua fría, apenas sin darme tiempo a   articular palabra,  al otro lado de la línea mi interlocutor colgó el teléfono, sin dar lugar  a recuperarme de la impresión causada por  tan inesperada noticia.

Recuerdos imborrables se agolparon en mi mente.

Recordé el aspecto entre repelente y chocante de Doroteo, un obseso detallista, puritano del perfeccionismo, en los exámenes siempre obtenía las mejores notas; “rata de biblioteca” le llamábamos cariñosamente.

Recodé con nostalgia al ahora difunto Mario, éste era un fenómeno del escaqueo y un auténtico figura para organizar juergas. Ya habían transcurrido diez años desde que abandonamos la Facultad.  Después, y una vez acabada la carrera, solíamos reunirnos una vez al año, hasta  que un día Mario decidió casarse. Insistió mucho para que asistiese a su boda, pero éste tipo de compromisos va en contra de mis principios.

Ahora, tras la noticia de su muerte, me sentía un poco culpable al no haberle complacido acompañándolo en aquel duro trance para él, el de su boda. Lo cierto es que  el día para el que  fijó la ceremonia,  yo  tenía una cita ineludible en las islas Seychelles… con una chica muy dulce…  ¿Cuál era su nombre? … ¡Ha! Ya recuerdo, Irene, ¡Qué chica aquella!

Sí, definitivamente tenía que acompañar a Mario en aquel su último viaje.

A la tarde del día siguiente. Allí estaba yo en el tanatorio, vistiendo un traje de negro riguroso e intentando averiguar la sala en la cual se hallaba el cuerpo del difunto Mario Climent; en  recepción  el mostrador estaba vacío y sin nadie que  pudiese informarme, por lo que tuve que buscar  por mi cuenta  la ubicación del sepelio en las distintas salas en las cuales se velaban a los numerosos difuntos que aquel día se hallaban allí.

Después de escudriñar en diferentes duelos intentado hallar alguna cara conocida, y cuando ya comenzaba a contagiarme del  ambiente  deprimente que había en aquel lugar, observé en el umbral de la puerta de una de las salas algo que me sobresaltó e inquietó: ¡Vi a mi  amigo Mario!  Éste se apoyaba con una mano en el marco de la puerta, mientras que con la otra mano me hacía gestos para que me acercase hasta él…

Click en la portada para continuar con la lectura …

¿Te ha gustado este escrito? LeerLibrosOnline.es premia a uno de los cinco escritos más populares.

Puedes ayudar a Francisco a convertir su escrito en uno de los más populares dejando un comentario o compartiendo esta publicación en tus redes sociales.

¿QUIERES RECIBIR LIBROS GRATIS EN TU CORREO?

¡Pues únete a una comunidad de más de 10 mil suscriptores!