Escritores Aficionados # 17: Encuentro, de Mónica Álvarez

Titulo: Encuentro
Tipo de escrito: Cuento
Autor: Mónica Álvarez
Edad: 45 años
Nacionalidad: argentina

La mujer con un click apaga la computadora como si con ese acto estuviera dando un giro definitivo a su destino. Rememora las primeras veces que hablaron, preguntas intrascendentes al principio, cada vez más íntimas a medida que transcurría el tiempo, sin llegar a imaginarse el lazo que podía crearse a través de las palabras. Luego vino la imagen a reforzar con miradas y sonrisas lo que hasta el momento sólo se había escrito. La primera vez que sus ojos se encontraron a través de la pantalla despertó una sonrisa en ambos, posiblemente porque eran tal cual se habían imaginado el uno al otro, tal vez porque todo se volvía así más real.

No hubo tema del que no hablaran, cada recoveco de sus almas fue expuesto al otro revelándose como tal vez nunca se habían revelado ante nadie, tal vez porque en la distancia hay cierta irrealidad que hace todo más fácil. De ahí a querer verse, besarse, tocarse había un solo paso. Comenzaron a decirse cómo lo harían, tímidamente al principio sondeando hasta donde podían llegar sin que el otro retrocediese, pero ninguno de los dos lo hizo, luego se mostraron desnudos sin pudores sintiendo su mutuo calor a pesar de los 700 km. que los separaban. Finalmente siguieron las llamadas telefónicas y los mensajes al celular hasta que ya la situación se tornaba acuciante, tenían que verse, encontrarse frente a frente.

Lo planearon con sumo cuidado, los dos querían que fuese perfecto. El punto de encuentro sería algún pueblo agradable que sirviese de marco para el momento.

Así, ella comenzó a prepararse, compró lencería nueva, preparó su valija con lo esencial y después de una rociada de perfume importado para darse valor comenzó el viaje dejando atrás la rutina de lo cotidiano, con esa expectativa que hacía años no sentía y que la hacía sentir viva de nuevo.

Cuando se vieron se reconocieron al instante, el largo cabello entrecano, la sonrisa traviesa de adolescente en un rostro que ya no lo era resultaba inconfundible. El abrazo largamente esperado fue en silencio, las palabras habían sido todas dichas.

Sin saber cómo caminó los metros que separaban la recepción del Hotel hasta la habitación doce. Hacía una hora que se habían conocido y sin embargo se conocían tanto.

Ella entró primero y cuando estaba por girar y decir algo para romper la tensión del momento sintió las manos del hombre suaves, inquietas, cálidas tomándola de la cintura por debajo de su remera, subiendo lentamente hasta sus pechos. Dándose vuelta lentamente acercó su rostro al de él rozando y jugando con la barba corta y áspera para detenerse finalmente en los labios, esos labios que siempre se curvaban en una sonrisa entre burlona y traviesa. Su boca se entreabrió para darle ese primer beso tan deseado. Las manos de ella peinaron con sus dedos el cabello largo y abundante intentando grabar en su mente el aroma a hombre.

De repente el deseo de ambos apuró los tiempos y comenzaron a desvestirse mutuamente con la torpeza y la timidez de dos desconocidos que se sueñan desde mucho. Recorrieron sus cuerpos con el ansia del descubrimiento. Inventaron mil formas de conocerse y explorarse, intentando que cada detalle quedase grabado en su memoria para poder repetirlo como una letanía cuando estuviesen separados. Ambos sabían de antemano que tal vez no habría una próxima vez.

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