Eva Luna, de Isabel Allende

“La cautivadora protagonista constituye un nostálgico  alter ego de la autora, que se llama a si misma “Ladrona de historias”, precisamente porque en las historias radica el secreto de la vida y del mundo” Eva Luna es la ladrona de historias. En este relato ella misma nos cuenta su vida, atravesada por esa realidad Latinoamericana que muchas veces duele. En la historia se conjugan miles de voces. Cada personaje cuenta sus recuerdos, Eva nos cuenta los recuerdos que alguna vez fueron, por ejemplo, de su madre, y ella los convierte en propios. Simplemente una historia de vida en la que se mezclan tiempos, lugares, personas, recuerdos, pasados y futuros.

Es un relato de una lucha por sobrevivir, por vivir, que atraviesa una variedad increíble de escenarios. Desde la selva  a la ciudad, pasando por colonias perdidas en la montaña y pueblos de inmigrantes, la novela nos hace pasear y crecer junto a Eva. Podemos ver como se transforma, como llega a ser mujer, cuando la vimos como una niña que limpiaba casas ajenas.  Eva es una protagonista diferente. Una que descubrió su propio destino casi por casualidad, una cuya moneda son las historias que nacen de sus recuerdos, de la memoria colectiva, de eso que le contaron una vez hace ya tiempo.

Este relato en particular narra una historia que transcurre en distintas épocas. Podemos ver la evolución de la protagonista en cada capítulo. Al ser una sola historia, la protagonista “crece muy lento”. Me pasó de estar leyendo, casi a la mitad del libro y encontrarme con una Eva todavía casi niña, cuando en mi cabeza ya había crecido bastante. Es una historia diferente, pero marcada por su autora. La realidad Latinoamericana está muy presente en cada etapa de la novela. Sin embargo, a diferencia de otras protagonistas, Eva nunca se involucra directamente. Cuando participa lo hace casi sin saber a dónde se está metiendo, guiada un poco por amor y otro poco por el deseo de probarse a sí misma.

Encontramos también por otro lado varios personajes masculinos que se disputan el protagonismo. Padres, hermanos, amantes, combinaciones de estos tres, e incluso diría que uno que otro cumple casi con los tres roles. El varón queda relegado a segundo plano, más todavía en el personaje clave de Mimí.

El libro es genial. Los personajes son tan reales que podés sufrir con ellos, sentir su lucha, sus miedos, sus alegrías. Definitivamente esperaba otra cosa para el final. Isabel Allende siempre logra sorprenderme. Uno podría pensar que al fin y al cabo todas sus historias se parecen. Países Latinoamericanos, épocas de guerrilleros, dictaduras y represión, historias de amor. Si tratamos de resumir sus libros en pocas palabras, si, son iguales. Sin embargo cada uno se inventa y re inventa a sí mismo. No solo son diferentes, si no que cada lectura es distinta.

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