Juan Salvador gaviota, de Richard Bach

Una de las metáforas más interesantes que he leído, la mejor manera de ver el mundo en el que vivimos a través de la historia de una extraordinaria gaviota, vivimos ante una sociedad la cual juzga sin pensar y desprecia lo diferente, donde muchos no se atreven ni siquiera a salir de la rutina, a ver más allá del monitor de una computadora, donde ser diferente no es un honor, sino una vergüenza. Donde por miedo al desprecio se imita a todos los demás. Juan Salvador Gaviota rompe esos estereotipos, ignora totalmente el qué dirán y sigue a su corazón, no lo detiene el desprecio, lucha por lograr sus sueños, no le importa estar solo, al contrario, eso le da fuerzas y aliento para salir adelante y conseguir todo aquello que desea hacer. No todos somos capaces de ser como Juan, todos tenemos sueños, pero por miedo al fracaso seguimos viviendo en la monotonía.

Juan Salvador Gaviota nos motiva, nos da una lección de vida, nos demuestra que si se quiere se puede, que existe una perfección y que somos nosotros mismos, pero dejando de lado todas aquellas limitaciones tanto físicas como psicológicas, pero más que nada sociales, porque personalmente siento que la sociedad es el mayor limitante a seguir adelante, y no porque nos pongan una pistola en la cabeza si no porque es la que te juzga, la que no te deja en paz ni un segundo, a donde quiera que vayamos estará allí, tratando de menospreciar todo lo que hacemos, a causa de su miedo al cambio, a que seas superior a ella. Entonces para poder llegar a la perfección, primero hay que saber ignorar a aquellos mediocres que tratan de desalentarnos, hay que perder ese miedo a que nos vean feo, somos libres de hacer lo que queramos, hay que romper todos aquellos estereotipos y ampliar nuestros horizontes.

Hay una frase en el libro (entre muchas otras hermosas) que dice “Juan Gaviota descubrió que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, y al desaparecer aquéllas de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena”. De qué sirve vivir una vida en la cual todo el tiempo o la mayoría de él se está aburrido, u odiando lo que se hace, levantarse día con día y menospreciar algo que todavía no se vive, vivir al “ahí se va” sin motivaciones ni objetivos, en busca de nada. Cuando se puede hacer todo lo contrario, despertar, sonreír y agradecer vivir un día más, estar alegre y esperar ansioso algo por lo que se trabajó días antes. Tal y como lo hace Juan, esperando el amanecer para seguir practicando sus vuelos, con la esperanza de un día alcanzar aquella perfección y poder enseñársela a alguien más. Dejando el odio por aquellos que lo despreciaron.

“Una etapa ha terminado, y ha llegado la hora de que empiece otra” dijeron aquellas gaviotas. Porque a veces es tiempo de cambiar, no siempre se va a hacer lo mismo, la vida es un gran libro lleno de capítulos que hay que ir escribiendo nosotros mismos, cuando terminemos uno, hay que comenzar otro, y si algo no salió bien, no hay que darnos por vencidos, si tropezamos con alguna que otra piedrita que se atraviesa, hay que levantarnos y seguir adelante, escribiendo todas esas experiencias que luego nos han de servir. Simplemente hay que volar más alto. Sin límite alguno, porque la perfección NO tiene límites.

A veces creemos o por lo menos yo lo creía, que equivocarnos es el peor error que existe, que ese fracaso que se tuvo es una razón para que la gente te mire y piense que eres mediocre, cuando en realidad es solo una pequeña prueba para que nos demos cuenta de que no todo es fácil, de que debemos de levantarnos y seguir adelante practicando nuestro vuelo y esforzándonos por comprender más acerca del perfecto e invisible principio de toda una vida. En la cual SIEMPRE, hay que mirar lejos, hay que mirar más allá del sol, más allá del miedo, aunque a veces duela, porque “Gaviota que ve lejos, vuela alto” y ese es nuestro único objetivo, volar, volar muy alto sin importar el tiempo y el espacio.

Juan Salvador Gaviota nos recuerda que tenemos la libertad de ser nosotros mismos, nuestro verdadero ser, aquí y ahora sin importar nada, sin nadie que no lo impida, porque la libertad es la misma esencia de nuestro ser y lo único que debemos de hacer es eliminar todo aquello que nos impida seguir, cualquier limitación no es bienvenida en el camino por lograr nuestros sueños.

De este GRAN libro aprendí, que la clave está en no darme por vencida NUNCA porque la clave del éxito es eliminar todas aquellas limitaciones comenzando con el miedo al fracaso y el miedo al rechazo de una sociedad monótona que NUNCA estará de acuerdo contigo. Y nunca hay que dejar que el miedo a fracasar, nos impida jugar el juego. Hay que mirar lejos y volar alto.

Reseña escrita por: Marce González
Edad: 19 años
Nacionalidad: mexicana

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