Escritores Aficionados #224: La Noche de la Despedida, de Lily Fuentes

Título del escrito: La Noche de la Despedida
Tipo de escrito: Relato
Nombre: Lily Fuentes
Edad: 17 años
Nacionalidad: Mexicana

la noche de la despedida

 

La noche de la despedida

Había una corriente de aire fría golpeteando la ventana suavemente. Las ramas de los árboles titiritaban de frío a mitad de la noche. Las nubes amenazaban por crear una gran tormenta en algunos minutos, y la luna comenzaba a esfumarse en la penumbra.

Dentro, las paredes estaban envueltas mayoritariamente por obscuridad. El fuego crepitaba suavemente en la chimenea, anunciando enardecido que era su hora de dar su último suspiro. La luz del fuego iluminaba algunos muebles de la habitación. Un librero repleto, de lado una ventana, y un sillón viejo rojo frente al fogón. Detrás sobre la pared, estaba un escritorio de madera viejo, que crujía silenciosamente al sentir el peso de un cuerpo. Algunas de sus partes eran iluminadas, mientras que otras estaban a la sombra de su figura.

Sentado, levemente inclinado hacia el frente, una hoja frente a sus ojos, pluma en mano al lado de un tintero lleno, deseoso por derramar gotas de amor delirante. Los ojos levemente enrojecidos, por el cansancio, por no haber dormido durante largas horas. El cabello alborotado, sin forma, como si unas manos hubiesen pasado por allí antes, le hubiesen alborotado el cabello con locura y pasión, y después se hubiesen marchado sin explicación. Una media barba de tres días, crecía delicadamente en el filo de su rostro. Las mangas enrolladas a la altura de los codos, de una camiseta gris de algodón, un pantalón negro de vestir y unos zapatos negros, complementaban su imagen. Una copa se encontraba vacía, al lado de una botella de vino tinto.

Arrastró la silla hacia atrás y se levantó. Se pasó la mano por el rostro, quizá algo molesto, preocupado, anhelante, dudoso. Caminó lentamente a la cama y se sentó colocando el rostro entre sus manos. Las sábanas detrás de él se encontraban revueltas, sin acomodar, marcando a la perfección su silueta moviéndose de un lado a otro, sin poder conciliar el sueño en la masa negra que lo envolvía, lo asfixiaba, lo estrangulaba hasta hacerlo inconsciente de su entorno, disfrutaba de su duda y su temor, y luego lo soltaba. Su mente se encontraba sólo en un pensamiento, como un río sin corriente, como las hojas sin viento. ¿Podría cometer alguna locura?, ¿Realmente, la haría? ….

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