Escritores Aficionados # 97: La Psicofonía (Clichés De Una Realidad), de Fisquero

 

 

Título: La psicofonía (Cliches de una realidad)
Tema: Relato corto
Pseudónimo: Fisquero
Edad: 63 años
Nacido: Elche (Alicante)

 

 

 

La Psicofonía – (Cliches De Una Realidad), de Fisquero

Aquella noche de verano  había sido especialmente bochornosa, pero pasada ya la  hora que separa un día de otro, y  después de marcar el reloj la hora mágica de la medianoche, una agradable brisa penetraba por las ventanas abiertas dando un ligero respiro. Era a esas intempestivas horas de la madrugada cuando comenzaba el movimiento  y el ajetreo  en el piso  superior, producido por  el impertinente zapateo de los tacones altos que calzaban  las vecinas, las cuales   cumplían con su habitual horario  sus labores de índole inconfesable.

Aun estando habituado a la rutina de tan insufrible tormento que se repetía noche  tras noche, siempre acababa desvelado y recurriendo a la lectura, hasta que concluía el esperpéntico desfile de mis vecinas de vida alegre.

En aquella ocasión y habiendo aceptado  –  después de haber sido machacado  con múltiples llamadas telefónicas- una oferta de una compañía de comunicaciones   para instalar Internet, decidí entretener el insomnio  entrando en las webs que al azar encontraba; después de navegar por algunas subidas de tono  y cargadas de insustancial y  frío erotismo, entre en una llamada “ Mundos ocultos “ en la cual ofrecían el horóscopo  y  el día de tu muerte; empujado por el morbo y  la curiosidad allí  encontré  infinidad de propuestas -a cada una  de ellas más estrambótica,  pero llamó mi atención de forma especial una palabra que parpadeaba intermitentemente  – PSICOFONIAS  – , y yo, predispuesto a probarlo todo, dirigí la flechita con el ratón hasta allí,  y pinché.

Después de leer rápidamente los antecedentes, historia y significado de la palabreja, me decidí a escuchar  algunas de las grabaciones en las que supuestamente se habían registrado las voces de ultratumba que los difuntos desde el más allá nos  enviaban, y cuyos significados  no habían conseguido descifrar hasta ahora la nueva pseudo-ciencia que las estudiaba.

Daban las cuatro de la madrugada  y ya mis vecinas de alegre vida hacía rato que habían quedado calladitas. El silencio era absoluto y al otro lado de los ventanales la negrura de la noche envolvía los sonidos inconexos y  estridentes que emitían las psicofonías.

Un estremecimiento  recorrió toda mi espina dorsal  cuando de una de ellas surgió la voz afónica y agonizante de una mujer  que exigente y contundente  afirmaba que yo era el elegido para denunciar y hacer justicia del crimen que había sido perpetrado en su persona.

Me asusté…, más bien me aterroricé, y apagué el ordenador.

En los días que siguieron  cada vez que entraba en la red, automáticamente  y como si un virus troyano se hubiese instalado en mi ordenador, allí estaba – sin  yo buscarla ni  poder hacer nada para evitarla – la psicofonía que me ordenaba escribir un relato en el cual se contase   su  trágica historia, y publicarlo en alguna de las redes sociales de Internet.

 Harto ya de soportar el acoso pertinaz e impertinente  de aquella escalofriante y siniestra voz, me decidí a acceder  a aquello que me solicitaba, con la esperanza  de que acabase aquella pesadilla.

Así lo hice, y así quedó: …

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 “” -La psicofonía de Esther, la panadera– Anónimo

  “- ¡Ha desaparecido Esther, la chica de la panadería!

 -¿Cómo dices?

  -¡Si hombre!  La que  despachaba y siempre estaba alegre.

De esta forma  comentaban los vecinos del barrio un suceso que desgraciadamente era  muy habitual escucharlo en los noticiarios, pero no lo era tanto que estuviese tan cercano y se conociese a la desaparecida.

Esther era una joven de unos veinte años de edad, su pelo rubio, sus ojos azules y su figura esbelta tan bonita como su sonrisa hacían  junto con su simpatía , que fuese una criatura adorable; había llegado al barrio en compañía de su marido ( el cual le doblaba la edad )  haría unos dos años, regentaban  un despacho de pan y  bollería y aparentemente la pareja tenía una buena relación.

Una mañana gris y lluviosa de invierno  el rumor se extendió con  rapidez, Esther había desaparecido; su marido  Anselmo  solía adelantarse muy temprano  a abrir el establecimiento, Esther se incorporaba más tarde, pero aquel día no lo hizo.

 Anselmo buscó y preguntó en todos los lugares donde imaginó que  podría encontrarla, su preocupación fue en aumento para convertirse en  desasosiego y desesperación al no saber nadie  de ella.

Por fin recurrió a denunciar en Comisaría su desaparición. Antes de iniciar la investigación lo machacaron con preguntas enfocadas a determinar los lugares donde podría haber ido, siendo el mismo considerado como el primer sospechoso.

Se hizo una investigación muy exhaustiva. Se hicieron batidas en las afueras del pueblo, se colocaron fotografías  de Esther denunciando su desaparición, de nada sirvió.  Esther no apareció…

En el vecindario corrieron rumores de todo tipo acerca de lo que pudo haber sucedido, pero poco a poco  se fueron olvidando de este asunto  y pasaron a ocuparse  otros sucesos y desgracias que son el pan nuestro de cada día…

Pasaron quince años.

Fabián era un joven  introvertido y reservado  desde muy niño aficionado   a los aparatos de sonido y todo lo que tuviese relación con ellos, lo que su  escasa asignación de estudiante  no le permitía  lo suplía  con creatividad e imaginación , acostumbraba a grabar en un viejo magnetófono la música que le gustaba y que recibía a través de  la radio. Un día al intentar escuchar lo último que estaba grabando se sintió contrariado al no escuchar más que interferencias, ya iba a detener la cinta cuando escuchó  una débil voz que sonaba como si procediese del fondo de un pozo.

–Ayúdame…Ayúdame…

Extrañado  Extrañado y perplejo, Fabián rebobinó la  cinta y pulsó playa. De nuevo sonó aquel ruido sordo y desagradable y de pronto  allí estaba de nuevo aquella voz que parecía proceder de otro mundo, esta vez añadió algo más.

– Ayúdame… Ayúdame… Aquí el dolor no existe pero el sentimiento persiste, es difuso pero añorado. Ayúdame.

La extrañeza  de Fabián  en pocos segundos e  intuyendo saber de qué se trataba, pasó del escalofrío al terror,  y de éste a una morbosa curiosidad; recordó haber escuchado historias acerca  de transcomunicaciones     que  provenían del más allá y que se registraban en las cintas de los magnetófonos, les llamaban psicofonías;  en su exaltación recordó  que  realizando una pregunta e invitando a contestar al ente o espíritu, se podía conseguir un dialogo. Sin meditar las posibles consecuencias  puso en funcionamiento el magnetófono y preguntó: – ¿Quién eres?, ¿Qué quieres de mí? -,  dejó  que la cinta grabase durante unos minutos que le parecieron eternos,  y con gran ansiedad rebobinó y pulsó play   y escuchó  lo que sigue:

“- ¿Quién eres, que  quieres de mí?

“- Soy mi mente, mis anhelos y mi  espíritu. Me acompañan  mi pesar y mi amargura. Reflejo de todo lo que fui, me encuentro  atrapada en este limbo tortuoso y oscuro perteneciente al impenetrable inframundo –La voz se escuchaba clara y profunda y sin ninguna interrupción.

“-Mi nombre es Esther y un error de juventud me unió  al que sería mi verdugo, mi marido. Éste  celoso de su ego y envidioso de mi inocente y joven lozanía, me asesinó  una aciaga noche de lluvia, y emparedó mi cuerpo y mi alma en mi propia habitación, la  cual es ahora contigua a la  tuya…y  es mi eterna  mazmorra… Y  para que mi alma pueda ascender a la dimensión luminosa y etérea, mi impío verdugo ha de ser condenado por su repugnante proceder; para ello, mi cuerpo ha de ser  encontrando, pues  es el cuerpo (mi antiguo envoltorio)  y la prueba de su delito. Y la prueba que lo  incriminará y condenará será  la cadena que arranqué de su cuello y quedó entre mis dedos. Que  la justicia humana y  Astral caigan sobre él.”

Fabián entregó la cinta en comisaría y explicó lo sucedido, y aunque en principio lo escucharon con escepticismo, todo lo que la voz dejó registrado en la cinta se corroboró, y Anselmo, el marido asesino de Esther, fue condenado por el homicidio y ocultación del cuerpo de su esposa a 20 años de prisión.

Pero su verdadera condena fue tener la pavorosa incertidumbre del destino que le aguardaba en el más allá, lo cual le provocó una neurastenia  psicopática que le  produjo la locura y la muerte.

Esther descanso en paz y su espíritu junto con todas sus virtudes se fundió  con la luminosidad astral que tanto anhelaba.””

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 A partir de entonces cual si hubiese formateado mi ordenador, el troyano desapareció y nada  volví a saber de la  Psicofonía  que me perseguía  utilizándome como su ángel  vengador…

 Hasta que un buen día al regresar a mi hogar me sobresaltó el movimiento de máquinas excavadoras y varios coches patrulla de la  policía;  las excavadoras se afanaban en  derruir una vivienda  justo pegada a la mía, en cuyos cimientos encontraron el esqueleto de lo que alguna vez fue el cuerpo de una mujer; al parecer un relato aparecido en una red social, había proporcionado las pistas suficientes para  encontrarlo y detener al marido sospechoso; pero las pruebas no fueron determinantes y además el delito había prescrito dado que ya habían transcurrido demasiados años de la desaparición de la mujer.

Así pues Anselmo quedó libre e impune y  la pobre Esther no alcanzó  la luz celestial.

Ahora me encuentro errando y buscando la voz de Esther en alguna psicofonía perdida en  la profundidad de un tenebroso bosque, o en una negra noche  en el interior de una casa abandonada, o quizás en la soledad de una habitación;  lugares en los cuales he conocido y escuchado infinidad de espectros  y voces cada uno con su quimera y sus penas;  a todos indago acerca de en qué lugar pueda estar Esther, con el propósito de ayudar a su alma en pena, atormentada  y violentada, a recuperar la paz y la luz que su candidez y dulzura merecen y nunca se le debió arrebatar.

 NOTA ACLARATORIA: Todo en esta narración tiene parecido con la  realidad, la realidad de las mujeres que han sido, son y desgraciadamente seguirán siendo maltratadas y asesinadas por la ineptitud prepotente de seres obtusos y retrógrados, a ellas con toda consideración y respeto está dedicada.

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