Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt

Desde que comienzas a leer los primeros párrafos de esta historia, te das cuenta que no es un cuento de hadas y que los momentos felices, si hay, serán muy escasos. Personalmente, las primeras líneas me hacen un nudo en la garganta y nunca he podido olvidarlas:

Cuando recuerdo mi infancia me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende: las infancias felices no merecen que les prestemos atención.

Y es la forma en que está escrito el libro: de manera tan real que resulta una lectura cruda en donde los hechos son narrados sin reserva, sin vergüenza de nada. Frank McCourt nos deja conocer su precaria vida, primero en la ciudad de Nueva York y luego en Limerick, Irlanda con todas las carencias que marcaron su existencia.

No obstante, el realismo con el que es narrado, a mi parecer, llega a parecer obsceno en ocasiones, con las palabras soeces que se encuentran de principio a fin -tenían una manera de hablar muy vulgar- así mismo la descripción de los eventos que ocurren cuando alcanza la madurez sexual, son descritos sin discreción alguna. Parece ser que no le avergüenza que el lector conozca sus perversiones. En fin, no puedes esperar un comportamiento recatado de alguien que llevó una vida en donde sobrevivir era más importante que la educación.

Creo que lo más triste es su más tierna infancia, me partió el corazón pensar en un niño de solo cuatro años haciéndose cargo de tres de sus hermanos menores en la helada ciudad de Nueva York en invierno.

Sin embargo, Frank era un niño muy inteligente y, a diferencia de su padre, tenía una enorme fuerza de voluntad para salir adelante. Me pareció admirable su sentido de responsabilidad por ser el mayor y cómo trabajaba con fervor para cumplir su sueño de volver a Norteamérica.

Si bien la pena, el hambre, la carencia, el abandono e incluso la muerte están presentes por todo el libro, también hay momentos de felicidad. Y el hecho de que sea narrado desde la infancia de Frank, hace que existan muchos momentos de ternura y hasta momentos que te dan risa, provocados por su inocente modo de ver las cosas cuando era pequeño.

Lo único malo es que relata todas las veces que su padre se bebe el dinero de su sueldo o del paro; bien podría haber omitido algunas. No obstante, es una historia muy completa, desde la infancia de Frank, hasta que se convierte en hombre. Narrando todos sus cambios físicos y sobre todo, psicológicos, su forma de pensar y la manera en que busca escapar de la pobreza y la miseria.

Puntuación 4/5

Reseña escrita por: Estefanía Guevara Leal
Edad: 22 años
Nacionalidad: mexicana

 

 

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