Escritores Aficionados #70: Lluvia de Octubre, de Jorge Luis Carrasco Diaz

lluvia

Titulo del escrito: “lluvia de octubre”
Tipo de escrito: novela corta
Nombre: Jorge Luis Carrasco Diaz
Edad: 20 años
Nacionalidad: Mexicana

Era una tarde nublada y friolenta de octubre, las festividades de día de muertos estaban a la vuelta de la esquina; pues faltaban solo 4 días para la fiesta magna de los difuntos, tenía apenas dos semanas que había iniciado el semestre, y ahí estaba yo, un chico cualquiera con una vida cualquiera, me encontraba en el segundo piso, sentado en el pasillo que conduce de las escaleras hacia las aulas, estaba por dar comienzo el ultimo modulo del día, solo dos horas y algunos minutos me separaban de mi casa. En los pasillos e incluso en los intendentes se podía ya sentir el ambiente del viernes, era fin de semana y la ansiedad por terminar la jornada me consumía, no conocía a muchos de mis compañeros pero algunos me saludaban mientras entraban al aula y yo en el pasillo sentado con los audífonos puestos escuchando “vía láctea” de zoe; se notaba una penumbra de ambiente, el concurso de ofrendas se llevaba a cabo en la planta baja del edificio.

Estaba ahí, sentado en el pasillo junto a la puerta del salón, mi profesor se acercaba desde las escaleras con esa mirada fija, un tanto distante pero seria, su pelo cano y su estatura daban apariencia de un maestro frustrado y gruñón, sin en cambio el tipo era afable, me invito a pasar al salón y accedí, entre a clase, mi lugar era ese, aquel que la mayoría prefiere evitar, si en efecto, me sentaba frente al escritorio frente a ese alto y robusto profesor de pelo cano y voz grave. Tome mi asiento y lo note, tras de mi estaba ella, con su sólida mirada y sus ojos color marrón, arrugando la frente al no entender la clase pero que va, yo tampoco podía poner atención teniendo a esa chica tras de mí, era una chica de estatura promedio, delgada, de cabello negro y ondulado que apenas le llegaba a los hombros, sus pestañas largas hacían relucir aún más sus ojos claros, pero nada se compara a la mirada y la mueca que hace cuando no tiene idea de lo que hablamos en clase, pude pensar por un momento que era una de esas niñas plásticas como muchas otras, pero no, había algo en ella, algo que me hacía sentir nervioso pero a la vez tranquilo; era una sensación difícil de describir, jamás había conocido a una chica que pudiera hacerme sentir nervioso sin siquiera conocerle. Aquel día llevaba puesta una blusa sin mangas, de color rosa, que dejaba ver sus brazos, tan delgados y finos, esa piel blanca con pecas, hasta ese momento no tenía ni la más mínima idea de que decirle o acerca de qué hablarle, pero de pronto y de la nada, ahí estaba mi oportunidad, hizo aquella mueca, la misma que siempre muestra cuando esta confundida, frunció el ceño, arrugo su pequeña frente y su mirada tan seria fue capaz de decirlo todo sin palabra alguna, sentí su respiración agitada y a la vez confundida en mi cuello en aquel momento en que el profesor le llamo desde el frente, -¿tienes alguna duda compañera?; -si, respondió ella tan segura como siempre, pero esta vez era diferente usualmente ella pregunta acerca de lo que no comprendió o pide le sea explicado de nuevo; pero esta vez solo se limitó a cerrar de golpe su libreta y salió del salón, dejando al profesor con la palabra en la boca y con paso presuroso, mientras se levantaba y salía pude escuchar el murmullo de sus labios al decir –ya me harte, me largo.

Me sentí extraño pues yo pude haberle explicado el tema que estábamos tratando aquel día y no lo hice solo la vi sonreí y dije –hola, el cabello suelto te luce bastante bien; debí parecerle un tonto o quizá un anticuado, si debió ser eso; debí parecerle un anticuado chico universitario. La duda me inundaba, quería saber que era lo que aquella chica pensaba de mí y esta vez sin pensarlo dos veces salí del salón dejando la clase a medias. Antes de buscarla y cuestionarle sobre lo que había pasado ahí dentro, me dirigí al sanitario, moje un poco mi rostro a fin de refrescarme; al salir me dirigí a las escaleras y comencé a descender decidido a hablarle pero aún más con la inquietud de conocerle, de saber que era lo que pensaba, lo que escondían sus labios, esos labios pequeños pero carnosos, que era lo que esa chica tímida pensaba mientras simulaba poner atención y rayoneaba la libreta.

Al momento de bajar, con cada paso, con cada escalón que pisaba, abundaban los mismos pensamientos una y otra vez en mi mente, y de pronto, de la nada estaba ahí, choque con ella, me miró fijamente, y titubeando cual niño de preescolar pregunte -¿estas enojada?, y ella sin más lanzo una irónica mirada al cielo, mientras su mueca dejo entrever una sonrisa, respondiéndome aun con la sonrisa en la cara –no, como crees, soy muy seria y no conozco a nadie aquí, me llamo Mariela ¿y tú?,  las piernas me temblaban pero al fin conteste –Enrique, me llamo Enrique. Supe entonces que podía sentirme afortunado, logre robarle una sonrisa a aquella chica tan seria, a aquella chica a quien nadie le había hablado en dos semanas desde que inicio el semestre.

Decidimos salir del edificio y charlar un poco, el viento soplaba con mucha fuerza y era helado, decidí abrigarla y le di mi sudadera, nos sentamos en las bancas frente al edificio, comenzó a contarme un poco de su vida y yo de la mía, hablábamos de todo lo que en el momento se nos ocurría, reíamos uno del otro, pero era una risa inocente sin malicia, parecía que nos contábamos chistes pues reíamos a carcajadas, el momento era perfecto, no pude notar en que momento nos comenzamos a tutear, mucho menos cuando tomo mis manos para intentar calentarlas mientras las frotaba, sus manos eran suaves, no pude evitar sonrojarme, incluso deje de sentir frio, mientras me concentraba en su mirada el mundo parecía detenerse.

Comenzó a profundizar más en la charla, cuestionando mi procedencia y acerca de por qué siempre estaba oyendo música, incluso en clase, le conté de mí, de mis sueños, de mi familia, al parecer le agradaba o eso parecía demostrar al ponerme atención, tocamos el tema de los profesores y los compañeros, pero el resultado de ambas partes fue el mismo, -son aburridos. No me quería ni la quería decepcionar, era como si algo o alguien nos hubiese querido juntar, el tiempo se había detenido al parecer, el viento soplaba con menos fuerza, hacía ya menos frio, y su voz tiritaba cada vez menos, la esencia de su perfume era envolvente, parecía un aroma a flores frescas, -no puedo evitar percibir aquel aroma tan fresco y dulce que desprendes, murmure pero al parecer me escucho, respondiendo –si gustas te regalo mi perfume, logrando que me sonrojara; no supe que responder.

De pronto apretó mi mano con ternura y cariño, me jalo con un poco de fuerza, como invitándome a bailar; dio un largo suspiro, pregunto con voz suave – ¿te molesta si me abrazo a tu pecho?, a lo que de prisa respondí que no, acto seguido paso sus brazos por mi espalda, se recostó en mi pecho diciendo –tu perfume también huele bien logrando sonrojarme por segunda ocasión;  y de pronto estábamos ahí, abrazados bajo las primeras gotas de lluvia, una lluvia de octubre.

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    1. karla 22/11/2013
      • Jorge Carrasco 06/12/2013
    2. nicole 22/11/2013
      • Jorge Carrasco 06/12/2013
    3. Jazmin Martinez 18/11/2013
      • Jorge Carrasco 18/11/2013

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