Escritores Aficionados #211: Lo daría todo por ti, de Celeste C.

spiral-enslaved-angel-i10930Titulo: Lo daría todo por ti
Tipo: Mini-relato
Género: Romance paranormal
Nombre: Celeste C.
Edad: 22 años
Nacionalidad: Argentina

Lo daría todo por ti

“Los seres humanos están al borde de la extinción”, eso fue lo que me dijo mi Maestro antes de morir. Pero lo peor fue lo siguiente: “…es tu misión evitar que eso suceda y conducirlos a una nueva vida completamente diferente a la que conocen”. En ese momento no comprendí totalmente lo que eso significaba; pero ahora se cual fue el motivo de tanto entrenamiento, tanto esfuerzo y tanto tiempo preparándonos para algo que en realidad desconocía y que al mismo tiempo me aterraba.

Ahora sin mucho esfuerzo puedo recordar el día en que el maestro descubrió nuestra misión. Si bien su rostro seguía transmitiendo esa serenidad y calidez de siempre, algo había cambiado en su mirada, parecía preocupada y en ocasiones perdida por lugares que solo él conocía; y así se mantuvo hasta tiempo antes de su muerte.

Si me hubiesen develado aquel secreto a mí, no me lo hubiera tomado tan tranquila y creo que tampoco podría haberlo guardado por tres años como hizo él. Sobre todo porque la persona que más amo en este mundo es precisamente un humano. ¿Por qué deje que pasara?, mi maestro me lo advirtió: “…Beyra nosotros somos ángeles, nuestro trabajo es cuidar  de los humanos, aunque para eso debamos pasar mucho tiempo con ellos como si fuéramos uno más. No debes dejar crecer ningún sentimiento hacia ese chico que se te asignó como uno de tus protegidos. Sabes  muy bien lo que sucede cuando cruzas esa línea y sabes que no hay vuelta atrás”.

Sí, me lo advirtió, pero no puede evitarlo y tampoco Pablo. No pude ignorar eso que sentía cada vez que nos mirábamos, cada vez que estábamos cerca. Creo que me enamore de él desde el día en que el Maestro me dijo quienes serian mis protegidos, me habló a cerca de cada uno y cuando vi a Pablo, algo cambio en mí. Con el tiempo empezó a hacerse cada vez más fuerte mi deseo de protegerlo, de cuidarlo, y sin querer, de amarlo. No me importaba cruzar esa línea, aunque eso implicara dejar de ser quien realmente era.

Luego de tres años de preparación el ejército de ángeles estaba listo para cumplir su misión y evitar la extinción de la especie humana. El maestro se me había aparecido en sueños varias veces diciéndome lo que debíamos hacer: luchar contra los Droms, una especie desconocida  que intentaba invadir el planeta tierra acabando con cada humano  que se interpusiera en su camino. Pronto llego el día: la batalla fue extraordinaria, humanos y ángeles unidos para salvar al planeta y con él a la especie que siempre lo habito, luchando con todas las fuerzas y herramientas posibles. En todo momento además de luchar contra los Droms debía concentrarme en mantener la protección sobre Pablo, aunque eso me quitaba fuerzas para defenderme no dejaría de hacerlo.

 Parecía que nunca iba a acabar y por momentos creía que eran más fuertes que nosotros, pero  entonces vi a mi ejército y nuestros protegidos que unieron sus fuerzas y juntos lograban destruir uno a uno a los invasores; estábamos ganando. Lo último que recuerdo fue un golpe fuerte sobre mi espalda y un inmenso dolor, como si me arrancaran algo, al tiempo que cerrando los ojos  alcancé a ver a Pablo retorciéndose en el suelo.

Desperté con la espalda aún dolorida, sin saber muy bien que sucedía, lo que me hizo recordar: un Drom me había atacado aprovechando mi debilidad, mientras yo ponía todas mis fuerzas en proteger a Pablo que estaba siendo vencido. Seguía tratando de recordar cuando una mano en mi hombro interrumpió mi pensamiento, era Pablo. No pude evitar lanzarme sobre él, para abrazarlo y sentirlo nuevamente, pero para sentir también un fuerte tirón en la espalda que casi me deja de rodillas. Él me conto lo que sucedió: habíamos ganado, los humanos habían vencido al unir sus  fuerzas con los ángeles y habían derrotado a cada uno de los Droms. Pero por sobre todo habíamos logrado nuestro propósito: permanecer juntos, y no permitir que nada ni nadie nos separara. Había asumido el riesgo, y cruzado esa línea que el Maestro me advirtió. Por eso sentía ese fuerte dolor en mi espalda, ellos me había quitado mis alas. Y yo no me resistí.

Si el precio de ser feliz y estar junto al hombre que amaba, era vivir el resto de mi vida como humana, aunque eso implicara no volver a ver a ver a los demás ángeles y renunciar a muchas cosas más, estaba dispuesta a pagarlo.

 

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