Escritores Aficionados #195: Locura, otro punto de vista; de Poeta Músico

Titulo del escrito: Locura, otro punto de vista
Tipo de escrito: Cuento
Seudónimo: Poeta Músico
Edad: 19 años
Nacionalidad: Venezolana

Locura, otro punto de vista

Locura

¡Llego el momento! Ya hoy es mi gran presentación. Existo por la música, por algo que no es tangible pero llena hasta lo más profundo del ser, esa mujer de negro y blanco, esa pasión tierna y serena, grata…Violenta.

Es la música la que puede darle sentido a todo lo que me rodea. Me visto de negro como todo un pianista, pongo en las mangas de mi camisa, esas negras yuntas que me regalo mi padre hace muchos años, me pongo la correa que uso a diario, para así no perder mi estilo. Un pantalón nuevo para esta gran ocasión, medias blancas, porque es lo que dictan las normas de presentación, también, esos zapatos negros, pulidos, del color de la noche que camina a los pies del artista. Haciendo una analogía en el espejo, el pianista es día y noche, blanca y negra, es sol y es fa.

Si cuento esto, es porque lo anhelo desde hace mucho tiempo, porque quiero que sepan cómo me siento, porque un músico tiene que reflejar sus sentimientos. ¿Los nervios?, los nervios me comen, son como una espada clavada en la pantorrilla, no te mata pero duele, duele de una manera tan brutal, que te impide caminar, sientes que no puedes dar un paso, tus fuerzas se agotan mientras aguantas ese dolor, te sientes vencido…Pero es ese el momento donde un pianista sigue su paso, a pesar de que los nervios te destrozan poco a poco, es el momento donde tengo que seguir. Escucho un ruido antes de salir, un crujido, pero no me voy a preocupar en este instante… Tengo que tocar.

Me espera abajo un carro de vidrios negros, según grandes maestros, el músico no debe ver nada a su alrededor. Al entrar en el auto, siento ese crujido otra vez, como que si hubiese algo desgarrándose a mis espaldas, algo que se abre, se rompe, pareciera un algo que cuando regrese ya no va a estar… No voy a seguir pensando en eso, quizás sean los nervios que me hablan a mis espaldas, debo concentrarme en lo que voy a hacer. El chofer no tiene buen aspecto, su rostro parece algo tenso, algo fijo. Tiene movimientos mecánicos, se sienta, agarra el volante, ajusta los retrovisores y arranca, todo eso con el simple sonido de su respiración, se siente un poco incómodo, pero luego de haber recorrido dos cuadras, enciende la radio y me relajo escuchando mi canción favorita. Está terminando la canción cuando llegamos al teatro, él apaga la radio y yo me dedico a ir hacia mi instrumento… Siento de nuevo ese sonido, una pequeña nota desafinada antes de que apaguen el radio acompaña al crujir del algo. Entro rápidamente al teatro para no distraer mi mente, tengo que concentrarme, es temprano y soy el primero en llegar para poder acomodar todo y ensayar.

Es algo extraño, estar aquí, todo limpio, las luces encendidas, siento como si me estuviesen esperando, como si el artista más grande llega a su propio recinto lleno de majestuosidad, esa sensación de magnificencia… Y ella, esa dama vestida de gala, de finas curvas, cabellos tensos y firmes, una espectacular sonrisa tangible para dar placer, piernas firmes para sostener esa belleza innata de sí misma, esa es ella, una fina dama de negro, toda una mujer que puede llegar a persuadir a más de un millón de personas con su voz, una chica sensual, que atrapa a un hombre a la vez, lo mueve, lo enamora y se hace desear. Ella, no es de esas que cualquiera puede tocar, ella, a la que veo con amor y deseo, puede ser la dama más sensual que exista, puede persuadir y enamorar a quien la escuche, pero ella solo lo hace cuando es mía. Cuando los dos estamos en completa armonía, cuando me siento en frente y la toco, cuando todas aquellas melodías inventadas o improvisadas se hacen una con ella… Eva, princesa de ébano, vestida de negro, sonriente sirena, es ella un instrumento, es ella… un piano.

Las luces están en su lugar, me parece extraño que aún no hayan llegado los tramoyistas, pero con un sistema automatizado, las cosas se tornan un poco más sencillas. Ella no necesita micrófono para cantar, simplemente me necesita a mí, necesita que la afine, que la toque, que la acaricie. La limpio, la afino y me siento… Solo estamos ella y yo, estamos en una intimidad que nadie puede profanar, pero es una intimidad digna de admirar,  mis dedos empiezan a tocarla, simples caricias para sentir sensualidad… suena la primera nota, luego viene un fa, empieza una sencilla progresión en re y así voy haciendo armonía junto a Eva, así vamos jugando los dos a amarnos, a esos momentos sencillos pero sensuales, esos sonidos que reflejan más que pasión, es el juego de dos enamorados que nacen cuando empiezan a jugar y esperan su muerte al final de la armonía.

Llega el final, los dos amantes morimos en un sostenido de re que da un regalo al silencio que me rodea, aun nadie llega a este lugar… De nuevo el crujir de un algo que me persigue, quiero observar a mi alrededor pero me preocupa que sea Eva, me acerco a ella, la reviso, toco todas sus teclas, me aseguro que todo su cuerpo se encuentre en perfecto estado, cuando empiezo a escuchar pasos hacia mí, pasos sincronizados desde distintos lugares, empieza a llegar el público que me quiere escuchar. Cierro el telón rápidamente, cuando veo una sombra que sube a los andamios adyacentes a la tarima donde estamos ella y yo, deben ser los tramoyistas que van a arreglarlo todo, siendo este mi momento, solo me sentare con ella a que empiece la función.

Empiezo a escuchar esos pasos que entran al escenario, gente que se sienta, bolsos colocados en el suelo, tacones altos de damas elegantes de la sociedad, es un poco extraño pero hasta logro escuchar el tic-tac de los relojes de aquellos caballeros importantes… pero más extraño es que no escucho alguna voz, nadie habla, solo quieren escuchar, esperan a que el artista en su magnificencia tenga una orgía melódica con esa dama tan deseable como lo es Eva. Luego de sentados, según mi parecer, empieza el reloj del teatro a contar, baja una pancarta blanca, con letras negras, donde especifica claramente las normas del teatro, pero la más importante y la que esta resaltada en mayúsculas es, “ESCUCHAR”…

Otra vez el crujir, pero suena un poco más violento, no puedo distraerme, tengo que estar atento al telón, está a punto de abrir, pero siento miedo, hay algo que no está en su lugar, algo sucede y yo no me he percatado de qué es, siento una necesidad de salir, correr y averiguar, ¿Qué es ese sonido?, ¿Por qué me ha perseguido todo el día?, Quizás sean los zapatos que me coloqué, o la correa que llevo puesta, la uso siempre, algún día tiene que dañarse, si me levanto de aquí, quizás cuando el telón abra yo no este y defraude a esa gente que me espera con ansias, simplemente ha habido silencio y un crujir, exceptuando mi canción favorita que también termino, desafinada y con un crujir, no entiendo que es lo que sucede, este es mi momento pero tengo que saber que ocurre…

Se abre el telón y yo me hallo rodeado de personas que esperan ver el orgasmo de dos cuerpos melódicos derramado sobre la armonía de dos amantes en un juego de enamorados. La duda me consume pero tengo que empezar a tocar, empiezan las caricias,  mis dedos empiezan a sentir el calor de Eva… Toco la primera nota y no existe, Eva es fría y cruel, es un animal mudo que me ataca ferozmente con su silencio, toco cada tecla y no percibo ningún sonido…La gente está ahí, me ve, no hablan, solo… me ven. Eva no responde, no nace en la armonía, ni siquiera nace en alguna disputa cruel entre sostenidos, bemoles o desafinas, simplemente no está… Y suena el crujir de nuevo, Eva se va tornando poco a poco de un color putrefacto, el telón, que antes fue de color blanco, se convierte en una tela de color sangre, desgastada y rota, la tarima se va pudriendo, las tablas se levantan, la madera se desgarra y los clavos salen torcidos de sus lugares… Pero la gente… La gente me ve… Sonríen… Sienten un placer sádico al observar mi terror, su sonrisa es de placer, de satisfacción… se levantan, ríen a carcajadas…y se besan unos con otros, hombres con mujeres, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hay una orgía de placeres sadomasoquistas insaciables, son animales violentos que van desgarrando su carne por el placer de la destrucción en su totalidad, hay un orgasmo de sangre y carcajadas burlescas… Y Eva comienza a cantar. Suena en tonos desafinados y comienza a llorar notas tristes, yo no supe ayudarla, ella se siente abandonada y yo me encuentro aterrorizado en el placer de la destrucción y ella llora desafina y desecha por mi culpa… Al final del escenario hay una niña, pequeña, con un peluche, que me dice… despierta.

Abro los ojos y estoy entre cuatro paredes blancas, quiero limpiar mi rostro y no puedo mover mis manos, al concentrarme y recordar, estoy en un psiquiátrico recluido por confusión, soy un músico que no debería ser músico. Llega mi doctor le digo que soy músico, que me deje tocar un piano para demostrarlo, me da una palmada en la espalda, me dice que todo estará bien, yo quiero salir, grito, salto, lo golpeo, voy hacia la puerta, mi salida, Eva me espera… El cuerpo me falla, caigo al suelo, una jeringa se encuentra clavada en mi pierna, me encierran de nuevo, Eva te extraño, no saldré de aquí, tengo que hacer lo que digan… Escucho al médico decir –La terapia no funcionó, inténtenlo de nuevo-… mis ojos se cierran… no hay nada que hacer.

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