Escritores Aficionados #153: Los ojos de Toquepala, de Leydi Calane

cueva

Titulo del escrito: Los ojos de Toquepala
Tipo de escrito : Cuento de terror
Pseudónimo: Leydi Calane
Edad: 16 años
Nacionalidad: Perú

LOS OJOS DE TOQUEPALA

 

A sus escasos 20 años les encantaba salir  a explorar los barrancos en busca de aventuras y misterios. Fue así como una mañana caminaron durante tres horas bajo un sol radiante, con sudor en la frente, sintiendo que el cuerpo pedía a gritos un descanso; decidieron sentarse en la cima de uno de los tantos cerros y estuvieron conversando alegremente hasta que de pronto Zacarías se quedó en silencio y con la boca abierta: el viento sopló repentinamente levantando una pequeña nube de polvo y una ola de viento arremetió contra Daniel dejándolo casi congelado, con curiosidad, levantó su cabeza y apuntó la vista hacía donde miraba su amigo, y fue así como lo vio: era pequeño  y arrugado como un niño viejo, vestía un mameluco sucio que a simple vista parecía no haberse cambiado nunca y un casco verde roto en la cabeza,  estaba sentado en una mesa con sillas de piedra, a un lado un pequeño pico. Zacarías y Daniel se miraron asustados, pero con solo aquella mirada comprendieron lo que el otro estaba pensando. ¿Era aquel hombrecito, al que los viejos llaman chinchilico, el personaje de los cuentos de su infancia? ¿O quizá solo una alucinación por el cansancio?

Más tarde, aparecieron 3 hombrecitos más y se sentaron en  las sillas vacías, parecía que discutían por alguna razón muy extraña que despertó la incertidumbre de los dos amigos. Los dos se inclinaron para ver si escuchaban algo de aquella conversación,  entonces  Zacarías alcanzó a oír parte de aquella discusión, pero lo que oyó lo dejo completamente pasmado:

_“Oro”_ susurró e  Inmediatamente se paró, con el corazón en la garganta,  se dispuso a irse de ahí. Ante la mirada confundida de su compañero, siguió sus impulsos y echó a correr creyendo que Daniel lo seguiría; pero, éste solo atino a voltearse y seguir observando. Aun con la emoción en el corazón Zacarías decidió volver para explicar lo que sucedía, pero de repente  se quedaron petrificados al ver que uno de aquellos hombrecitos se acercaba con paso apresurado hacia donde ellos se encontraban. Entonces comprendieron que no era una alucinación; pues, mientras más se acercaban sus grandes y brillantes ojos hacían que su corazón latiera con una  mezcla de miedo y curiosidad al no tener certeza de que saldrían vivos de aquel lugar. Su mirada era profunda y parecía hipnotizarlos  no podían apartar la mirada de aquellos ojos impactantes.

_Este no es un buen lugar para sentarse a descansar_ su voz era ronca, con un aire a misterio, a Zacarías y Daniel se les pusieron los pelos de punta – mejor váyanse antes de que empiece a llover.

Un segundo después de que pronuncio la última palabra,  el cielo se nublo y empezó una lluvia torrencial con rayos enormes, uno de ellos cayó a pocos metros de donde estaban y vieron desaparecer al chinchilico como por arte de magia.  Tan terrible fue aquella lluvia  que cuando salieron de su estupefacción, antes de que pasaran 10 minutos Daniel y Zacarías estaban empapados. Una neblina cegadora no les permitió encontrar el camino correcto para regresar y decidieron  caminar  por instinto por un rato. El tiempo parecía no pasar, sentían que jamás se acabaría aquella horrible tormenta, la desesperación los aturdía, parecía que daban vueltas en círculos, creyeron que aquel era su fin. Con los huesos casi congelados, cuándo sentían que ya no podía más, Daniel diviso una luz del campamento de toquepala. Intercambiaron una mirada de alivio y  se dirigieron  allí  con paso apresurado, Daniel rompió el silencio:

            -¿pudiste escuchar algo de lo que discutían?

            – sí, pero este no es el momento ideal para contártelo- dijo Zacarías con un aire de misterio

            – ¿es algo malo? ¿Nos echaran una maldición?

– no seas paranoico, mañana volveremos si o si – respondió Zacarías con tono misterioso- es lo único que te diré por ahora.

Daniel, conocía desde que tenía memoria a su amigo por eso sabía que cuando Zacarías negaba contarle algo tenía un plan en la mente tan fantástico como lo eran sus aventuras imaginarias cuando eran niños. No podía esperar más por que sea el día siguiente y volver. ¿Qué podía ser tan terrible que negara a Zacarías contarle algo a su mejor amigo? ¿Sería tan terrible como se imaginaba?

Al llegar a casa ninguno de los dos pudo conciliar el sueño. Zacarías no paraba de pensar en lo que escucho aquella misteriosa tarde y en la aventura que le esperaba en aquel lugar. Daniel se desveló inventando mil y una conversaciones y tuvo un extraño sueño en el que estaba en aquel lugar donde paso la tarde, había una cueva y el entraba allí entonces miraba un enorme tesoro de diamantes y oro justo cuando los iba a tocar un fuerte golpe lo despertó, se había caído de la cama o quizá alguien lo empujo.

Al volver al día siguiente todo estaba igual con la extraña diferencia de que no estaban los hombrecitos, con miedo y curiosidad decidieron que quizá era prudente acercarse. El viento soplo como dándoles un presagio de su futuro incierto a partir del momento en el que decidieron emprender su caminata hacia aquel extraño y misterioso lugar.

Una vez allí ante su inconfundible miedo, con los recuerdos aun frescos de la pesadilla que vivieron el día anterior. Se quedaron con la boca abierta cuando mientras más se acercaban más raro se veía aquel lugar pues  una especie de cueva aparecía  y al voltear había otra  a su derecha. Daniel aguardaba con curiosidad a que su compañero se dirija allí pues lo conocía tan bien que para el cada movimiento era predecible. Zacarías que pensaba una y otra vez en lo que escucho el día anterior, ansioso se dirigió a la entrada de la primera cueva. Todo estaba oscuro y parecía no tener fin pero mientras más avanzaban un pequeño punto al final se hacía cada vez más grande. Cuando estuvieron a punto de llegar a lo que parecía el fin de esta misteriosa cueva, Zacarías volteo a un lado y observo una entrada distinta, creyendo que era lo que buscaba decidió  ir hacia allí pero desapareció cuando intento voltearse, por miedo a quedar en ridículo no le contó nada a Zacarías, quien se había dado cuenta del extraño movimiento de su compañero de aventuras. Al querer avanzar escucharon voces al final de la cueva, otra vez volvió a nacer en su corazón la misma incertidumbre que el día anterior les había ocasionado el hombrecillo,  decidieron quedarse allí hasta que se callaran, sus voces se hacían incomprensibles a sus oídos como una extraña maldición, hasta que de pronto todo fue silencio. Luego de un rato, con pasos indecisos se apresuraron a salir de la cueva, entonces comprendieron que a la que habían entrado no era más que un simple pasadizo pues habían salido hacia la otra cueva.

Daniel advirtió a su amigo un nuevo descubrimiento, era una tercera cueva. Juntos se acercaron, pero Zacarías que estaba ciego de ambición empujo en el camino a Daniel que cayó sobre un cactus que se le clavo en el brazo. Sin dudar un segundo Zacarías entro dentro de la cueva y avanzo sin mirar atrás, sin percatarse de que su amigo estaba sangrando, sin importarle nada fue tras su tesoro. Luego de un momento reflexionando Daniel se paró y corrió tras su amigo, lo alcanzo y en silencio avanzaron por la cueva que mientras más avanzaban se dieron cuenta de que iba de un lado a otro como en espiral. Hasta que llegaron a un lugar en donde había muchos caminos por escoger y decidieron seguir uno cada uno. La curiosidad de Daniel y  la ambición que tenía Zacarías hizo que no pensaran mejor las cosas.

Lo que paso después no les puedo contar pues eso ustedes se lo tiene que imaginar solo puedo decir que uno logro sobrevivir,  después de 3 años pero por loco lo tomaron cuando salió de allí. Un nombre le pusieron a ese lugar ‘ojos de toquepala’ dicen que se llama pues hasta ahora guardan el secreto de personas que como Daniel y Zacarías se aventuraron a entrar y nunca nadie encontró.

 

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