Escritores Aficionados # 62: Narración de la Nodriza sobre la historia de Romeo y Julieta, de Pamela

Titulo del escrito:Narración de la Nodriza sobre la historia de Romeo y Julieta
Tipo de escrito: Cuento- Genero: tragedia.
Nombre: Pamela
Edad: 16 años
Nacionalidad: Uruguaya

Recuerdo cómo surgió el amor entre el jóven Romeo y la pequeña Julieta, al ser yo su nodriza y haberla criado desde pequeñita siempre he estado al tanto de que sucedía en su vida.

El día de la fiesta de los Capuletos, por la tarde cuando todos estaban ocupados con los preparativos para el cumpleaños número catorce de Julieta, la señora Capuleto mandó llamar a su hija con urgencia, se la veía emocionada y llena de entusiasmo, al principio cuando Julieta entró en la habitación la señora pidió que me retirara pero enseguida desistió de su pedido y creyó que sería mejor me quedase.

Cuando nos enteramos de la noticia que tenía mi señora, yo no paraba de recordar la infancia de la pequeña, la señora se molestó mucho porque yo no dejaba de hablar y Julieta, mi querida Julieta de la sorpresa que se llevó sólo dijo que casarse era un honor que nunca había soñado. El conde Paris era un pretendiente sin igual para mi niña, tanto sus padres como yo anhelábamos se casara.

Vi que Julieta se mostraba alegre pero muy sorprendida y un poco asustada, es entendible, a su edad lo menos que pensaba era en casarse, nunca se había enamorado.  ¡Ay mi Julieta!

Todos estábamos muy alegres en la fiesta, risas y murmullos se oían por doquier, los más jóvenes bailaban mientras los de mayor edad se sentaban a recordar viejos tiempos. En cierto momento mi señora me mandó llamar a su hija, cuando fui a buscarle me encontré con que estaba con un jóven buen mozo el cual me sorprendió al preguntar quién era la madre de la pequeña, era muy extraño que no supiera que a la fiesta que asistió estaba dada en honor a mi Julieta, pero yo no le di mucha importancia a eso, estaba tan felíz que mis dolores nos los sentía y mis preocupaciones, bueno, no sé donde estaban.

Al terminar la fiesta cuando todos se retiraban Julieta me preguntó quién era el muchacho que no bailaba, como no supe responderle me envió a preguntarle su nombre, no me llevé una grata sorpresa que ese muchacho era Romeo Montesco el único hijo de los enemigos de mis señores. Al informarle a mi niña ella pronunció unas extrañas palabras, le pregunté qué era eso y respondió que eran unos versos que aprendió con alguien que bailaba. Aquellos versos como ella los llamó eran muy trágicos y dolidos, mi pequeña tenía tantas habilidades que siempre me estaba sorprendiendo por lo que resté importancia a aquellas palabras.

Al día siguiente la damita me envío en busca de Romeo, cerca del mediodía iba yo acompañada de Pedro y me encontré con un grupo de jóvenes muy bárbaros que comenzaron a gastarme bromas, especialmente uno de ellos, de sólo recordarlo me hierve la sangre, ¡descocado truhán!  Entre ellos encontré a quien buscaba y sin más le  comuniqué el mensaje sin olvidar antes asegurarme de que fuese un buen muchacho, al oír el recado de la damita como respuesta me encargó que ella discurriera algún pretexto para ir esa misma tarde a confesarse que allí mismo Fray Lorenzo los confesaría y desposaría, también que me quedara detrás de las tapias de la abadía para que uno de sus criados me entregara una escalera de cuerdas que en la noche utilizaría para subir a la habitación de su futura esposa.

Llegando a la casa me encontré con Julieta muy ansiosa de recibir noticias de su amado, la chiquilla no paraba quieta, yo sólo quería tomar un respiro tenía un dolor terrible en los huesos, a mi edad no es para menos, andar corriendo de aquí para allá de mandadera no es bueno.  Tan pronto como se enteró de los planes de su amado salió corriendo como una gacela, ¡Ay mi niña amada!, que felicidad sentí al saber que te desposarías con un buen mozo.

Siento una aguda tristeza con tan sólo recordar cuando esa misma tarde vi el cuerpo de Teobaldo tendido en el suelo, yacía herido por las manos de Romeo, allí estaba mi mejor amigo, el leal caballero, ¡Ah Teobaldo, Teobaldo!. Recuerdo claramente el sufrimiento que tenía mi damita al darle yo la notica, pobrecilla, yo estaba tan dolida que hice que me mal interpretara entendiendo que su esposo y su primo habían muerto, mi frágil doncella no paraba de llorar hasta que al fin mis palabras salieron correctamente entre llantos y lágrimas, comprendió que su amado estaba desterrado por darle muerte a su primo, pero su sufrimiento aumentó más aún, saber que Romeo estaba desterrado era lo mismo que considerarlo muerto.

 Al notar que nada la consolaba le pedí que corriera a su habitación que yo iría en busaca de su jóven amado para que la consolara. Fui a la celda de Fray Lorenzo tan pronto como mis huesos desgastados me lo permitieron, allí encontré al jóven Romeo en un mar de lágrimas, él tampoco hallaba consuelo. Gracias a Dios y para el bien de los enamorados el Fray y yo logramos animar al jóven para que en la noche acudiera a consolar a su esposa, enseguida me fui para avisar a la damita que su gallardo esposo en la noche subiría hasta su lecho.

Al día siguiente, por la mañana la señora Capuleto se dirigió al aposento de su hija, por suerte llegué a tiempo para dar aviso de su llegada. La señora le comunicó a su hija que se casaría con el conde Paris el próximo jueves, a Julieta no le gustó nada ese matrimonio que arreglaron, se enojó muchísimo y agradeció el gesto de su padre pero se negó a casarse, enseguida entró el señor Capuleto que al darse por enterado las palabras de Julieta montó en cólera y amenazó con abandonarla sin dudas ni pesares.

Mi pequeña niña, luego de hablarle y convencerla de que su segundo matrimonio aventajaría al primero me encargó avisar a su madre que afligida por haber contrariado a su padre iría a la celda de Fray Lorenzo a confesarse y recibir su absolución.

Estábamos muy ocupados con los preparativos para el casamiento cuando Julieta llegó muy risueña, pidió perdón a su padre por su terqueza e informó que se encontró con el conde y le ofreció el afecto que buenamente podía ofrecerle sin rebasar los límites de la honestidad, sus padres se alegraron mucho al oír las palabras de su hija mas yo no decía nada. Subí junto a la jóven a su gabinete para escoger la vestimenta que usaría en la ceremonia, cuando ya acabábamos con la tarea la señora subió para ofrecer ayuda como ya estaba todo listo Julieta aconsejó que no me quedara con ella esa noche, pues habían muchos preparativos con los cuales lidiar por lo que Lady Capuleto tomo el consejo de la niña.

De haber sabido que a la mañana siguiente se me partiría el alma en pedazos no me hubiese apartado de mi pequeña ni un segundo. Temprano en la mañana fui a su alcoba para despertarla y ayudarla a vestirse, la llamé una y otra vez sin cesar un minuto, abrí las cortinas  y allí la vi engalanada y con el vestido puesto, sin vida, sus miembros rígidos y completamente helada, ¡MALDITA MUERTE, ¿POR QUÉ ME LA QUITASTE?! No puedo expresar el dolor que penetró en mi pecho al presenciar ese lamentable día, ni los gritos que lancé al verla muerta me desahogaron, sigo llorando su muerte y más aún luego de enterarme que no estaba muerta, que bebió una poción suministrada por Fray Lorenzo para ayudarla a escapar con su Romeo, él no recibió la carta del Fray donde le contaba el plan ideado por lo que al enterarse de la muerte de su amada se llevó consigo un veneno a la tumba de Julieta, luchó con el noble Paris que lloraba a su difunta futura esposa dándole muerte, bebió el veneno y cuando Julieta despertó y lo vio allí tendido no dejó que Fray Lorenzo la sacara del lugar, se quedó llorando a su amado con un sufrimiento incontenible que la llevó a darse muerte con la espada de su amado.

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    1. karisa 22/11/2013
    2. nicole albornoz 22/11/2013

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