Escritores Aficionados #238: Noche de Espantos, de Francis Rietveldt de Arteaga

Título del escrito: Noche de Espantos
Tipo de escrito: Cuento
Nombre: Francis Rietveldt de Arteaga
Edad: 65 años
Nacionalidad: Venezolana

asustados

 

NOCHE DE ESPANTOS

¿Quién no recuerda las historias de espantos, que en las noches antes de ir a la cama, nos contaban nuestras madres? Por si acaso no les vienen a la memoria o simplemente no se los contaron, aquí  tienen uno.

Como acostumbrábamos, durante las vacaciones, en el pueblito del interior, antes de dormir, los miembros de la familia, en sentido amplio, ya que además de nuestros padres, estaban nuestras tías, primos y la abuela,  nos reuníamos en la sala para conversar, después que las visitas de rutina ya se habían despedido. La mayoría de las veces, los mayores terminaban contando cuentos de espanto que nos llenaban de susto, pero que al mismo tiempo no dejábamos de escuchar.

Una noche ya estábamos acostados, se desprendió un aguacero muy fuerte, con muchos truenos y relámpagos, lo que vino acompañado de un apagón. Nuestra abuela rápidamente buscó unas velas para iluminar el aposento, que era el lugar donde dormíamos todos los nietos, sin embargo el dormitorio era demasiado grande para que las velas pudieran iluminarlo bien, por lo tanto quedaba en penumbras y a pesar de que la ventana quedaba entreabierta, no entraba ni un rayo de luz porque quizás la habían cortado por causa de la lluvia.

Casi todos estábamos atemorizados por los fuertes ruidos de los truenos, lo que nos producía una risita nerviosa, que molestaba a nuestra abuela, cuando de repente escuchamos un lamento, que parecía interminable y que por ratos se hacía más intenso. Nosotros dejamos de reír, y empezamos a temblar al escuchar esos ruidos que parecían un llanto, realmente es difícil precisar de qué se trataba.

Nuestra abuela y nuestras tías, quienes compartían la habitación con nosotras, empezaron a rezar cuanta oración sabían, tratando de acallar aquellos gemidos tan extraños. Parecían  llantos de un niño, al mismo tiempo parecía el de una mujer. Rezamos el rosario, el trisagio y cuanta oración venía a la memoria de nuestras cuidadoras, sin embargo no cesaban ni la lluvia, ni los truenos, ni el gemido tan horrendo. Finalmente, después de un tiempo que pareció interminable, cesaron tanto la lluvia como el gemido. Las mujeres mayores, abuela y nuestras tías dieron gracias a Dios por ello, y finalmente pudimos conciliar el sueño.

Debo comentarles que nos quedamos dormidos con la curiosidad de saber lo que habíamos  escuchado esa horrible noche de lluvia y de espanto, y por supuesto que la mayoría de nosotros tuvo  pesadillas.

Al día siguiente, las conversaciones de todo el día se refirieron a lo acontecido en la noche anterior, especulando acerca de las causas que pudieron originar los ruidos que habíamos escuchado todos. Unos decían  que se trataba de la llorona, otros decían que era un borrachito que regresaba de una noche de parranda, en fin se hicieron muchas especulaciones.

Pasaron los días y el tema principal de conversación continuaba siendo la noche de lluvia y espanto como la denominamos, las vecinas se reunían en las tardes y cada una esgrimía una causa distinta. Al cabo de varios días, finalmente se supo que los gemidos que habíamos escuchado se debían a  una gata que estaba pariendo sus gaticos y debido a la dificultad para hacerlo, por lo grande de los gaticos, le generaba dolor. Al conocer la verdadera causa de aquel ruido tan espantoso, no nos quedó más remedio que echarnos a reír, comprendiendo que el susto había estado alimentado por los cuentos tenebrosos que habíamos escuchado las noches anteriores. En fin, todo había sido producto de nuestra imaginación.

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