Recensión a Tierra de Hombres, de Antoine Saint-Exupéry

El libro que me permito analizar no es para nada una novedad, muy por el contrario, se encuentra entre los clásicos del siglo XX. Sin embargo, creo que serán de gran utilidad algunas reflexiones de tinte personal de este inexperto crítico para la comprensión global de la obra y el calificativo final que cada uno impondrá.

En la valoración general literaria ciertamente que la obra es muy pobre en figuras y recursos estilísticos. Pero, más allá de esto tenemos una obra tan profunda que toca el fondo mismo del insondable misterio de la dignidad humana. Trataré de explicarme.

En una mirada general la obra es desordenada, repleta de historias que si bien a nivel capítulo tienen cohesión, en el conjunto carecen de ella. No hay principio, nudo y mucho menos desenlace. Tiene capítulos en los cuales la idea general se ve tan difusa que deja un algo impreciso que no muestra realmente a dónde tiende el autor, es como si fuera una recopilación de sentimientos comprimidos en diversas anécdotas de vuelo. Creo que ahí está el centro.

El autor del cual tratamos manifiesta en estas pocas páginas rasgos sobresalientes de su temperamento. Estamos hablando de un melancólico según la tradicional división cuadripartita. Se trata de un alma capaz de detenerse un contemplar el más ínfimo detalle, un alma que fácilmente se conmueve y saca conclusiones cuasi milagrosas de donde parecería no brotar nada, es un alma que puede llorar y conmoverse con el dolor de otros, y de ser muy fuerte ante el propio si el bien de alguien lo requiere, aunque las lágrimas no puedan ser contenidas. Es un alma violentamente agitada por los sentimientos más diversos, y a la vez tímida, de difícil manifestación de los mismos.

Es por esto que su obra, aunque no se desee manifestará esto, y él parece en realidad desearlo. Por ello, en su intento de llegar a

expresar lo más profundo que su alma ha tocado y se ha constituido en fin de su obra se enredará con un temperamento enmarañado. Así fluirán un sin número de anécdotas, historias, personajes, situaciones, lugares y paisajes tan diversos como su alma.

La tesis final del libro tratará de escabullirse desde el primer párrafo de la obra, aunque no será de modo satisfactorio a las apetencias del autor: “La tierra nos enseña más sobre nuestra propia naturaleza que todos los libros, porque se nos resiste. El hombre se descubre a sí mismo cuando en ella se enfrenta a un obstáculo.” Algo más debe ser manifestado, pero como el libro no pretende ser un estudio, sino una novela (al parecer) comienzan las historias. Duras, de difícil interpretación y por momentos desconectadas con el hilo general.

Prontamente, en la historia del primer vuelo se presentará la confirmación negativa de la tesis en la descripción del burócrata, un hombre deshumanizado: “Viejo burócrata, compañero mío aquí presente, nadie te ha hecho evadir jamás, y tú no eres responsable de ello. Tú has construido tu paz a fuerza de cegar con cemento, como lo hacen las hormigas blancas, todas las salidas hacia la luz. Te has enroscado en tu seguridad burguesa, entre tus rutinas, en los ritos sofocantes de tu vida provinciana. Has alzado tu humilde muro contra los vientos y las mareas y los astros. No quieres inquietarte por los grandes problemas. Ya tienes bastante trabajo con olvidar tu condición de hombre. No eres en modo alguno el habitante de un planeta errante, no te planteas preguntas sin respuesta. Tú eres tan sólo un pequeño burgués de Toulouse. Nadie se preocupó de sacudirte los hombros cuando aún era tiempo. Ahora, la arcilla de que estás formado se ha secado, se ha endurecido. Y nada, en adelante, será capaz de despertar al músico dormido, al poeta o al astrónomo que quizás habitaba en ti en un principio.” Ciertamente que esto no es el hombre.

El siguiente capítulo resaltara por sus historias algo olvidado para el autor, y que es cuasi vital a todo hombre: el compañerismo. Esto no es el hombre, pero lo realiza.

Y desde aquí comenzamos a volar cada vez más alto, pues los capítulos siguientes se tornarán cada vez más manifestativos de la tesis central. Así veremos a un Guillaumet que logra superar el terrible dolor del congelamiento en los cortos pasos de sus pies congelados en Los Andes, y esto es lo que de un modo misterioso lo ha hecho un gigante que habiendo luchado contra el propio barro lo venció; es más hombre ciertamente. Posteriormente vendrá el negro Bark, quien logra conmover al autor, aunando los esfuerzos de muchos con un objetivo común, la libertad de un hombre. Y una vez obrada nos revela su recuperación de la identidad no permitiendo ser llamado más Bark como todo esclavo, pues ahora ya es alguien. Y ya lejos de su cautividad, antes de llegar a los suyos despilfarrando su dinero de subsistencia en regalos a los niños, para los cuales se ha constituido, por esto, en alguien importante, eso es el hombre, un ser digno capaz de grandes sacrificios por lo que él realmente es. Seguidamente será el mismo autor quien se sienta “importante” ante la gigante y mortífera realidad de su avión caído en el centro del Sahara. El dilema es simple, tirarse a esperar, y posiblemente morir esperando, o trabajar por obtener lo esperado, lo cual tal vez también implique morir, pero ya es un morir distinto, pues fue luchando. La decisión es la de un hombre, su vida no es asunto personal, es una cuestión social, y se pone a caminar. También él encontró al hombre que trata de manifestarnos tan divergentemente a través de sus historias. Los hombres, sean del lugar o la cultura que sean tienen algo que los hace semejantes, algo que los une, sea por vínculos del orden familiar o accidental como el famoso azote del desierto, terror de los moros, que en la hipótesis de retornar a su Europa natal dejaría de ser alguien importante, y hasta los enemigos lo extrañarían, ya que no es ese el modo en que se debía vencer alguien importante.

Como finalmente el objetivo del autor no se ha satisfecho de modo pleno, en el último capítulo manifestará directamente la tesis, tal vez de modo accidental, y aún más, sin que él llegue a comprenderlo absolutamente cuando diga entre reflexiones: “Únicamente seremos felices cuando cobremos conciencia de nuestro papel, incluso aunque nos corresponda el más oscuro. Únicamente entonces podremos vivir en paz y morir en paz, porque el que da un sentido a la vida da un sentido a la muerte.”

Pocas páginas después culminará con una frase que en efecto inmediato parece elevarnos a un orden que este libro jamás pretendió tocar, que es el sobrenatural, ya que si ha salvado la dignidad del hombre y lo ha elevado es colocándolo en lo más alto que humanamente le corresponde y ahora rompe eso diciendo: “Únicamente el Espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al hombre.” Personalmente creo que si bien es una clara referencia a los primeros capítulos del Génesis, de fondo lo que se intenta decir no es más que algo como, el hombre es verdaderamente hombre cuando comprende que es persona y que los demás también lo son, y por ello reciben importancia y mutuamente se la dan, aun en el propio sacrificio de lo personal o corpóreo. Sin embargo, esto es muy personal, y puede ser también que trate de abrir una puerta de acceso al hombre que ya ha salvado dignificándolo mediante sus reflexiones.

Reseña escrita por Pablo Pérez
26 años
Argentina

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    1. MARIO MANUEL CARRILLO MORALES 01/11/2013

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