Escritores Aficiondos # 101: Teatro Infantil, de Fisquero

Título: Teatro Infantil
Tema: Cuento
Pseudónimo: Fisquero
Edad: 63 años
País: España

“La educación al igual que la libertad son derechos universales que se adquieren conociendo, experimentando y lidiando, por los senderos y caminos que nos conducen a través de la vida”

El telón se levantó, la niña observaba embelesada con ojos muy abiertos, el alegre espectáculo pleno de colorido y fantasía que se presentaba ante ella.

Extrañas criaturas al compás de una alegre y sublime música representaban la fábula ingeniosa y mágica, surgida de la mente prodigiosa de un autor tocado por el caprichoso deseo de las musas.

El alegre parloteo de los actores, junto a las luces que resaltaban el colorido de las llamativas indumentarias que portaban, y el decorado bucólico del escenario, realzaban sus peripecias, despertando y atrayendo la atención de la jubilosa e inocente concurrencia, evocando en ella una humanidad ingenua, pura, y plena de esperanza gloriosa.

El arlequín contorsionaba su cuerpo con habilidosa armonía, haciendo sonar los cascabeles que adornaban sus muñecas, su cuello y el estrafalario gorro que cubría su cabeza; vestía ropas vaporosas y multicolores, y bailaba una danza de ritual galanteo en torno a una bella muchacha, con el propósito de seducirla; la muchacha, de piel morena, y ropas de zíngara, simulaba ruborizarse al tiempo que no escondía su curiosidad e  interés por el pintoresco y atrevido personaje, éste con sus alegres y simpáticos contoneos iba ganando la confianza y la sonrisa de la joven gitana, la cual iba poco a poco contagiándose del ritmo cadencioso y seductor de la danza.

De pronto un bulto extraño, oscuro y siniestro apareció de uno de los extremos del escenario; la presencia de aquel extraño y sórdido ser, causó un gran revuelo en el auditorio y el sobresalto y espanto en la niña de los ojos grandes. A la amenazante presencia, le acompañaban los animales más dañinos y menos simpáticos del bosque, dos lobos famélicos y negros, que representaban ya por si solos una amenaza para los protagonistas de esta historia – el arlequín y la zíngara, los cuales ya se habían ganado las simpatías de los asistentes a la representación.

El facineroso extraño vestido de negro, abordó sin consideración y con prepotencia obcena, a la muchacha. Sus ademanes eran grotescos y pretendía conseguir por la fuerza lo que el arlequín estaba logrando con ingenio, gracia y dulzura.

La muchacha hostigada por el indeseable pretendiente, y su no menos despreciable y fiera compañía, hacía ademanes de resultarle repulsivos los modales y pretensiones de éste, rechazándole abiertamente y dando muestras de la repugnancia que le inspiraba; ello provocó en él un ataque de ira, agrediendo de forma violenta a la débil gitana.

El arlequín- al cual el facineroso competidor había mostrado hasta ese momento una insultante indiferencia – intenta defender a la muchacha, pero es rechazado violentamente por el hombre de negro, que en un arrebato de rabia y celos, le golpea y arroja a los perros, que caen sobre él acorralándolo y lanzándolo al suelo herido de muerte.

El burdo agresor, obseso y arrogante insiste en su desaprensivo asedio, pretendiendo de nuevo a la joven, tras su demostración de fuerza -creyendo en su ominosa ignorancia, que su brutalidad le proporciona el derecho a la atención y favores de la muchacha-, y al ser de nuevo rechazado y despreciado por su objeto de deseo, la emprende también a golpes con ella, derribando a la joven junto al arlequín.

A los gritos de auxilio de la muchacha, en el escenario van apareciendo y se va poblando de muchos pequeños personajes disfrazados de animales que representan toda la fauna amable y que inunda de agradables sonidos y hermoso colorido el bosque; allí acuden conejos, pajarillos, ardillas, búhos, cervatillos, y hasta un pequeño y simpático puercoespín viene en ayuda de los enamorados.

A la vista de tan numeroso y nutrido grupo, el malo malísimo, consciente de su inferioridad numérica y moral, y en un alarde de miserable cobardía – que le hace justo honor a su miserable condición y comportamiento-, huye en compañía de sus escuálidas alimañas, y de un gran abucheo procedente del juvenil y eufórico público que ocupa el patio de butacas.

La muchacha al observar que el arlequín no da señales de vida, llora desconsoladamente acariciando y apoyando la cabeza de éste en sus rodillas, y declarando su amor por él…

En ése momento una figura cuyo cuerpo desprende intensos destellos aparece en el escenario, dejando estupefactos tanto a los personajes que se encuentran en él, como a los espectadores y especialmente a la niña, cuyos ojos ya no pueden abrirse más, de tanta emoción y expectación.

Es un ser maravillosa del bosque, mitad hada , mitad ninfa, que con sus poderes mágicos y fabulosos concentrados en una varita, que desprende diminutas y fulgurantes estrellitas -cual si fuese un pedacito de firmamento en una noche de verano-, realiza unas delicadas y suaves pasadas sobre la cabeza del arlequín, y al instante le devuelve la vida. Las fuerzas y la alegría; iniciando de nuevo su rito de amor juvenil y victorioso, en la que es acompañado por la muchacha enamorada y por el resto de los personajillos de la fábula, que formando un multicolor arco iris se mueven al son de una musiquilla dulce y pegadiza, danzando y bailando alegremente , y consiguiendo que todos los niños y acompañantes -que hasta ese momento han sido meros espectadores-, contagiados de la fantasía envolvente e hipnotizante del espectáculo, formen parte del mismo y les acompañen en la ritual danza del amor y la fraternidad , poniendo como broche de oro, el colofón final a la representación.

Baja el telón y las imágenes que durante los minutos transcurrido se han representado en el escenario, cual moraleja, quedan grabadas para siempre en la mente pura e infantil de la niña, moldeando su sensibilidad y creándole adicción y afición por la estética y el sentimiento, así como por la amistad, el respeto, el amor, la autoestima y el rechazo de la violencia, presentes en la obra,  representación que tanto le han impresionado, e imágenes  que perduraran en su memoria forjando su espíritu y personalidad el resto de su existencia.

FIN

A mi querida  hija Maribel, con todo mi cariño.

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    1. Andromedha Romero 12/01/2014

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