Escritores Aficionados # 161: Volver a Creer, de Hope

Título: “Volver a creer”
Tipo: Cuento o relato
Género: Romántico
Pseudónimo: Hope*
Edad: 14 años
Nacionalidad: Uruguaya
Nombre: Patricia Hernández
Correo electrónico: patyhern2012@gmail.com

*El pseudónimo es por el nombre de un personaje de un libro que leí: Hoplees, de Coleen Hoover.

Volver a creer

Hace muchos años, en una pequeña ciudad, vivía una chica llamada Eleonora, de trece años de edad. Era castaña, de ojos color azul zafiro y complexión delgada, muy simpática y sociable. Pero sus padres no eran felices, por lo que ella tampoco. Y su situación empeoró un día gris en el que le comunicaron que se iban a separar, razón por la cual su papá debería mudarse.

– No es tan malo, mi vida. Vas a poder verlo los fines de semana y en vacaciones. – le decía su madre. Aun así, ella sabía que ya nada sería igual, y no tenía idea de lo acertada que estaba.

Pasaron dos años, y Eleonora no había vuelto a saber nada de su padre desde aquel día. Aun cuando muy en el fondo lo extrañaba, no podía perdonarle que la hubiera abandonado, y por eso decidió odiarlo. Por albergar tanto odio, se convirtió en una chica gris, apagada, huraña. Tenía muy pocas amigas, y ya no sonreía, estaba entumecida por dentro. No creía en nada ni nadie. Jamás se imaginó lo que pasaría.

Un día, su madre la reprendió en cuanto llegó a la casa. Durante el tiempo que duró la reprimenda, ella pensaba en lo pesada que creía que era su mamá. Pero no era así realmente, sino que Nora había cometido el error de faltar a clases, para luego irse con una amiga y volver a su casa muy tarde, todo sin avisar. Y es que ni le importaban las consecuencias. Su mamá empezó a protestar porque no la estaba escuchando, pero no tuvo tiempo de decir mucho, ya que Nora se alejó corriendo por las escaleras. Seguramente sería castigada, pero le daba igual.

Luego de un rato, decidió escuchar música, así que se puso los auriculares. Una hora después, ya aburrida, y suponiendo que su madre no la dejaría salir, escapó por la ventana de su cuarto.

Caminaba por la calle, indiferente, como dormida por dentro: su alma entristecida se marchitaba poco a poco. Si su vida fuera un cuento de hadas, probablemente en ese momento se le aparecería un príncipe que la salvaría con un beso de amor. De todas formas, para ella eso no existía, había dejado de creer.

Cada vez se sumía más en sus pensamientos, hasta el instante en que notó que llovía y tuvo que correr. Nora corrió bajo la lluvia, desesperanzada, cuando de repente tropezó con un chico alto, con el cabello mojado y unos ojos verdes hipnóticos. Y ahí mismo, mientras se miraban fijamente el uno al otro, el alma de Nora repentinamente comenzó a reaccionar, porque había encontrado un motivo para hacerlo. Y la de aquel muchacho también, ya que aunque no lo sospechara, su alma estaba de igual manera.

Como Martin Luther King Jr. dijo una vez: “La oscuridad no puede conducirte fuera de la oscuridad: sólo la luz puede hacer eso. El odio no puede conducirte fuera del odio; sólo el amor puede hacer eso”. Y el amor que se profesarían Nora y aquel chico en el futuro, los conduciría fuera del odio, sería la luz que los sacaría de la oscuridad en la que se encontraban. Ese amor permitiría a sus almas marchitas renacer, y los haría volver a creer.

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    1. olga 04/01/2014
    2. Claudia 04/01/2014
    3. Pamela González 02/01/2014

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